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Los nazis te hubieran apaleado el viernes pasado en Estocolmo por tener aspecto de español

Cientos de neonazis enmascarados agredieron el pasado viernes incluso a niños refugiados en la estación central de tren de la capital de Suecia. Muchos españoles o italianos hubieran sido apaleados de haberse dado de bruces con estos criminales nazis. Al final, las alimañas del Movimiento de Resistencia Sueco se ensañaron con todos los ciudadanos hallados a su paso que cometieron el error imperdonable de carecer de un aspecto racial inequívocamente sueco. 


Opinión / Diásporas - Público / Texto y fotos por Ferran Barber

Inevitablemente, mientras leíamos la noticia, nos vino a la memoria el tiempo que pasamos en Estocolmo, hace ahora de ello un par de años, tratando de averiguar por qué muchos de los inmigrantes que se hacinan miserablemente en las periferias de las grandes capitales europeas han comenzado a odiar a los occidentales. Dicho sea de paso, esta experiencia profesional de un equipo de Diásporas no estuvo exenta de desafortunados episodios de los que Público dio en su día cuenta.

En apariencia, las razones por las que todos esos extranjeros comenzaron a sentir un profundo resquemor hacia los europeos parecían bastante obvias. Pero sólo en apariencia. Os pondremos un ejemplo. Por aquel entonces -en mayo de 2013-, varios centenares de jóvenes de origen extra comunitario salieron a las calles de dos barrios situados en los aledaños de Estocolmo y protagonizaron durante días sonadas algaradas. Se parapetaron tras improvisadas barricadas y se enfrentaron a la policía mientras hacían arder docenas de coches. Lo creáis o no, buena parte de la Prensa escandinava abría sus ediciones de aquellos días con titulares del estilo de: "¿Por qué nos sucede esto a nosotros?" O peor todavía, hacían alarde de cierto ridículo chovinismo y se descolgaban con sesudas reflexiones en la línea de: "Si nos sucede esto a nosotros, ¿qué va a pasarle al resto?". Claro está, lo que en verdad pretendían decir era: "Si nos sucede esto a nosotros que somos rubios, altos y casi perfectos, ¿qué le espera al resto?".

Hemos de aclarar que no fueron protestas alentadas por una formación política, ni ataques contra el sistema concebidos en las 'diabólicas' catacumbas anarquistas. Lo que hicieron aquellos inmigrantes fue sembrar el caos algunos días de una forma espontánea o si lo queréis de otro modo más benevolente, escenificar su ira y su dolor sin ningún ensayo previo. Fue, digamos, una especie de asonada, una turbulencia humana. 


Se diría que el deber de un periodista debe ir algo más allá de contar los platos rotos por la horda. Así que lo primero que en aquel momento nos vino a la cabeza al leer la prensa sueca fue: "¿Y por qué no vais y les preguntáis a ellos cómo se sienten?" Algún colega lo hizo pero no estaba del todo preparado para lo que iba a escuchar, así que simplemente no lo oyó. Por alguna razón, los humanos no estamos nunca preparados para escuchar cómo se siente el otro. ¿Por qué los periodistas íbamos a ser diferentes?

El caso es que los diarios escandinavos estaban más interesados en los coches ardiendo que en las verdaderas razones de aquel acto de desesperación. Por disparatado que resulte, aquellos automóviles destruidos terminaron siendo la noticia para buena parte de los medios, de igual modo que las crónicas periodísticas de las protestas españolas de aquellas mismas fechas ponían el acento sobre todo en el número de detenidos por los anti disturbios. 


Mentiríamos si dijéramos que aquello nos pilló desprevenidos. Lo que se impone siempre a la postre es un modelo de periodismo que restringe y censura parte de las respuestas posibles de acuerdo a una agenda ideológica (o empresarial) a la que no le importa nada el bien común o la independencia. En realidad, lo poco que queda de esta última ha sido confinado a los manuales de deontología profesional que se estudian en las facultades. Los vehículos ardiendo siempre terminan siendo la noticia.

Pero volviendo al ejemplo sueco, es preciso admitir que sí hubo quien fue más allá, lo suficientemente 'más allá' para descubrir al menos que el detonante de la revuelta fue el asesinato de un inmigrante portugués al que la policía tumbó a tiros algunos días antes. De lo que no se dijo nada fue del fracaso estrepitoso de aquel sueño multicultural de los ingenieros sociales suecos, ni del brutal racismo estructural de la policía del país y de buena parte de su sociedad. Aquello era demasiado inconveniente y demasiado abstracto como para ser abordado. 


Sin hacer un gran esfuerzo, encontramos más de diez casos de jóvenes inmigrantes abandonados por la policía en medio de la noche, sin móvil, sin zapatos, a treinta grados bajo cero. Y ello, por no hablar del ciudadano vasco -Miguel Ángel Martínez- fallecido en Lidingo cuyo corazón y su hígado desaparecieron mientras se hallaba bajo custodia de la policía. Publicamos nuestras extensas averiguaciones hace ahora medio año, y a remolque de ese reportaje, varias cadenas españolas de televisión como La Sexta se hicieron también eco de esa historia truculenta. ¿Alguien encuentra una buena razón por la que la Prensa sueca debería silenciarlo? Pues eso es justamente lo que ha hecho. No dejes que la realidad mancille tus estereotipos positivos.

Tampoco nos tomó un gran trabajo el averiguar que la tasa de desempleo de Husby o Riskeby -los barrios donde tuvieron lugar las algaradas de hace un par de años- supera el ochenta por ciento o que buena parte de sus habitantes -suecos de nacimiento- habían crecido de espaldas a su país de acogida. Aquello no era Suecia, era una sociedad de outsiders desesperados y a punto de explotar en los aledaños del opulento Estocolmo. Era, en definitiva, una perfecta distopía en el corazón de lo más granado de Occidente. Es justamente a esos parias a los que los neonazis suecos pretendían destruir el pasado fin de semana. Ante la duda agredieron indiscriminadamente a cuantos carecían de un fenotipo germánico. Ya conocéis el viejo dicho: "Mátalos a todos y Dios elegirá a los suyos".

Ahora si queréis, podemos hablar de ISIS o de la razzia neonazi del viernes. Pero recordar algo: ni los problemas del mundo se reducen al Califato, ni el racismo sueco debería restringirse a sus manifestaciones más visibles. Esto es, a los neonazis y a los simpatizantes de la formación política que lidera Jimmie Akesson (Demócratas de Suecia). Suecia es justamente lo contrario de esas postales idealizadas que los propios suecos han vendido al mundo con la complicidad de los británicos y su sempiterna simpatía por los 'scandies'.

Lo que vienen a demostrar todas estas situaciones es que buena parte de la Prensa se ha convertido en 
un muerto incapaz de retratar los nuevos tiempos y de servir a la porción de humanidad a la que en verdad se debe. Cualquier conjunto de hechos reflejado en muchos medios 'mainstream' se transforma por sistema en esperpento. La Prensa es un zombi comatoso entubado a una proyección aberrante de nuestra realidad. Nadie, curiosamente, se escandaliza por ello. La mentirosa orientación de los papeles se suele dar por hecho, así que el público se limita a elegir entre las proyecciones holográficas más cercanas a su universo ideológico.

Alguno aducirá que nos queda Internet y la llamada Prensa libre o 'indy'. Pero no nos engañemos. Ésta última es esencialmente invisible, el etíope del mapa de los media, un espíritu incorpóreo tan sólo percibido por los medium de la rebelión (la mayor parte de los españoles sigue informándose por la televisión). Por otro lado, tan cierto es que Internet ha creado un nuevo espacio para la deliberación política y la democracia real, como que la acumulación de información fragmentaria en un degradado formato de comunicación Tweet-Youtube ha generado confusión y ha reducido ciertas habilidades cognitivas. Ya no hay texto, ni contexto, sólo misiles SAM de impacto visual que han menoscabado nuestra capacidad para sentir emociones consistentes y para interpretar la información y elaborar respuestas útiles. Flebitis emocional, esclerosis perceptiva y estupor paralizante por sobreinformación. Ese es el diagnóstico. Más información no es igual a más conciencia. El click-activismo se devorará a sí mismo. Brindo por ti si has llegado hasta aquí. Eres una rara avis.

Por eso necesitamos más que nunca a Neo y a Morfeo y al periodismo heroico. No para que nos expropie el derecho a ejercer el Periodismo ciudadano en el nombre de una casta, ni para restablecer el monopolio de la comunicación unidireccional, ni para arrebatarnos el derecho a traficar con nuestros post como camellos altruistas en el mercado de la fraternidad y la verdad (la nuestra). Necesitamos a la Prensa libre del mismo modo en que se necesita al fontanero; para desatascar las cañerías; para interpretar las fugas de agua; para que se zambulla en los inodoros del sistema y nos ayude a recuperar el auténtico Santo Grial: la verdad, la transparencia y un espejo en el que mirarnos sin que se nos convierta en esperpentos.

¿Cuánta realidad toleras tú?



El pope del ateísmo Richard Dawkins se ofrece a ayudar a las musulmanas a 'parchear' el Islam

“El Islam necesita una revolución feminista. ¿Qué podemos hacer para ayudar?”, aseguraba hace una semana en su cuenta de Twitter Richard Dawkins, el gran pope contemporáneo del ateísmo militante. La oferta de ayuda 'bienintencionada” del divulgador científico británico, autor de 'El gen egoísta' y padre del término 'meme', ha sido agriamente declinada por no pocas mujeres. 




Madrid | Texto: Ferran Barber | Diásporas / Público 

A muchas mujeres les ha indignado la intromisión 'paternalista' de Dawkins por dos motivos. De una parte, sostienen, el científico ha dado por hecho que todas las musulmanas -hiyabis o no- viven enteramente subyugadas por una sociedad de 'machirulos' con las bendiciones del Corán y de otra, ha asumido que esa revolución que reclama no se está ya produciendo gracias a los movimientos supuestamente feministas que han nacido dentro del propio Islam. “Podíamos empezar diciendo que nadie quiere tu ayuda”, le replicaba una joven desde la cuenta BagelSmalls. A juicio de esta usuaria, la condición de hombre, blanco y europeo desautorizaba a Richard Dawkins a decir cómo deberían actuar los cientos de millones de seguidoras del Islam, un argumento, cuando menos, discutible desde la perspectiva cartesiana de cualquier hombre o mujer de Ciencia. 




La enganchada dialéctica inicial que se produjo en su cuenta de Twitter reverberó días más tarde en numerosos medios digitales musulmanes que vieron, como siempre, en el 'ateo' Dawkins -él se declara agnóstico- un provocador entrometido -si no algo peor-, mientras rompían lanzas por ese supuesto feminismo islamista de cuyas buenas intenciones y legitimidad intelectual se desconfía en Occidente y entre los sectores progresistas de las mujeres de países musulmanes. 



¿En verdad se puede ser feminista e islamista?, ¿es posible defender el uso del hiyab y luchar al mismo tiempo por la igualdad de las mujeres? La activista argelina Wassyla Tamzali -responsable durante dos décadas del programa de Igualdad de Género de la Unesco- lleva años repitiendo que lo del feminismo islámico es tan sólo una impostura introducida a calzador en los ámbitos académicos y las organizaciones internacionales con la intención de conciliar lo irreconciliable: Islam y libertad de género. O lo que es lo mismo, en su opinión se trata sólo de una disparatada tentativa por combinar el agua de una herramienta ideológica concebida para la liberación de la mujer con el aceite de una religión basada en la sumisión. 

La visión de Tamzali -compartida en lo esencial por el grueso de las feministas occidentales- parte de la base de que el verdadero feminismo no puede estar sujeto a componendas ni a limitaciones externas de origen religioso o cultural. Si algo le reprochan estas feministas a la izquierda europea es la tibieza con la que ha condenado "ciertas prácticas machistas inherentes al Islam", en el nombre de la libertad de credo, de su relativismo moral y de su deseo, lógico, de distanciarse de los postulados islamófobos de los ultras.

Imposturas son, a todas luces, ciertas timbas digitales musulmanas como el blog de la autoproclamada feminista salafí Zainab ben Younus, según su propia descripción, una musulmana 'ortodoxa' canadiense, adicta a la moda gótica, el feminismo punk y el niqaab. De feminismo tienen sus escritos más bien poco y aun así no vacila en apropiarse de ese término para defender unos postulados situados en las antípodas de las reclamaciones tradicionales del movimiento. Para la activista ucraniana Inna Shevechenko, no cabe duda alguna de que “muchas de estas páginas han sido creadas, o inspiradas, por los mismos señores barbudos” a los que Femen, su organización, combate. Decirse feminista y wahabi es a todas luces un oximoron.

“Me he acostado con 99 personas y estoy lista para tí. ¿Qué opináis? ¿Mujer liberada u otra cosa?”, puede leerse en el muro de otros de esos supuestos grupos españoles de seudofeministas, en este caso, marroquíes. En la citada página de Facebook hay mucho menos feminismo que barbarie y los cruces verbales entre miembros violan con frecuencia la legalidad española. “Mujeres como tú merecerían ser bañadas en ácido”, le espetaba hace unos días una usuaria de este grupo, posteriormente expulsada, a otra joven de origen magrebí contraria al uso del hiyab. “Les colgaría del chirri a las muy guarras. Les metería una barra de hierro por el chocho”, aseguraba la pasada semana otro 'piadoso' musulmán -Med Ben Tahar- en ese mismo foro “feminista”, en alusión a la campaña de la activista egipcia de Femen, Aliaa Mahda Elmahdi. 

Elmahdi se hizo mundialmente famosa a raíz de una acción llevada a cabo en una mezquita de Estocolmo (2012) junto a otras activistas de Femen. En el transcurso de la misma, posó desnuda con el siguiente texto dibujado sobre su cuerpo: "La Sharia no es una constitución". Un par de años después, la joven árabe se retrató en su perfil de Twitter menstruando y defecando sobre la bandera de Daesh (Estado Islámico). Para Femen, resulta obvio que la Ley Islámica o Sharia no es compatible con la igualdad de género, los derechos humanos o la democracia, lo que inevitablemente conduce a negar la legitimidad moral de esta religión a la que llevan combatiendo con especial ahínco desde la detención de la feminista tunecina Amina Sboui. “Mi libertad akbar”, pintó sobre su cuerpo Elmahdi en una de sus acciones más sonadas. La egipcia, claro está, vive en Suecia, permanentemente amenazada por los fundamentalistas musulmanes. En realidad, Femen se opone a toda religión.

¿En qué se basan estas feministas para equiparar Islam con otras ideologías violentas y totalitarias y cómo sostienen su presunción de que el Corán es conceptualmente incompatible con la igualdad de género? Entre otras cosas, en un buen número de versículos coránicos y de jadices donde se afirma abiertamente la superioridad del varón sobre la hembra. "Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres porque Alá los ha hecho superiores a ellas" , se asegura, por ejemplo, en la sura 34 del capítulo 4 del libro sagrado. 

El asunto es espinoso porque si tal y como sostiene Femen, el machismo es inherente al Islam, no hay salvación posible ni vía de escape en el contexto de ese credo. Por otra parte, tan cierto es que el Corán está cuajado de suras que dinamitan los valores de las sociedades democráticas contemporáneas como que los versículos, digamos, 'machistas' pueden también hallarse en los libros sagrados judeo-cristianos. “Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos", se afirma, por ejemplo, en los Corintios. Bien es verdad que sólo los creacionistas y los fundamentalistas cristianos -en su mayoría protestantes- interpretan de forma literal estos y otros pasajes bíblicos.

Más allá de las boutades o las provocaciones punk de esas niqabbis góticas falsamente feministas, lo que algunas musulmanas se proponen ahora -lo confiesen o no- es seguir el ejemplo cristiano precedente y poner el Libro en su contexto histórico, la Arabia medieval de su profeta. Esto es, impulsar una reforma semejante a las que en su día impulsaron las iglesias. “El Corán no inventó ni introdujo el patriarcado”, asegura el experto en Jurisprudencia Islámica Mohamed Jalid Masud. “El libro fue escrito en un momento en que la cultura dominante de Oriente Medio era patriarcal, y en ese marco hay que verlo antes de aplicarlo a los asuntos de la vida moderna”. 


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A la postre, ésta es la idea principal a la que tratan de aferrarse ciertos movimientos feministas musulmanes como Musawah -'igualdad' en árabe-, una organización creada en Kuala Lumpur hace seis años por mujeres procedentes de diferentes países cuyo principal propósito era salvaguardar la libertad de género sin renunciar a su derecho a profesar la fe de Mahoma. El movimiento, con sede en Malasia, parte de la idea general de que no es el Islam el que consagra esa desigualdad, sino la interpretación que han hecho de él los hombres. “Muchas mujeres musulmanas creían que su sufrimiento en forma de abandono, poligamia y palizas se podía justificar en el nombre de Dios”, asegura una de las fundadoras de Musawah, Zainah Anwar. “Nosotras hemos ido por los pueblos para mostrarles que la superioridad del hombre sobre la mujer no está en absoluto justificada por las enseñanzas islámicas. Por otra parte, los varones musulmanes responden mucho mejor a las críticas cuando se les persuade de que sus acciones son contrarias a la ley divina. Es decir, cuando se apela a Alá en lugar de a las leyes morales humanas”, añade. 

Así pues, el objetivo fundamental de Musawah es persuadir a los varones de que la Sharia -principal fuente de inspiración jurídica de los países mayoritariamente islámicos, a excepción de Túnez y Turquía- no es divina, y de que se halla sujeta a discusión. La empresa de estas mujeres va a ser ardua, considerando que para la mayoría de los musulmanes, el Corán no expresa la voluntad de Dios de acuerdo a la transcripción más o menos ajustada que llevaron a cabo en épocas diversas un grupo de humanos; es la palabra de Dios misma. “Queremos convencer al resto de los musulmanes de que nuestra comprensión del Islam procede de la intervención humana y de que, por tanto, el texto divino produce leyes falibles que deben ser adaptadas a los nuevos tiempos y las nuevas circunstancias”, precisa Anwar. “Las mujeres han sido sistemáticamente marginadas en el proceso de producción de jurisprudencia islámica, lo que explica lo desfavorables que le son las leyes. Nosotras queremos cambiar los términos de este debate para subrayar las posibilidades de cambio, de reforma, igualdad y justicia”. 


------------ Palabra de Alá ------------

¿ES POSIBLE REFORMAR EL ISLAM?




El Corán es considerado por los musulmanes como un dictado sobrenatural recogido por un profeta con la mediación del arcángel Gabriel. La única versión oficial de ese texto sagrado universalmente aceptada fue redactada en 652, durante el gobierno del califa Otmán, con arreglo a las revelaciones recibidas y transmitidas por Mahoma, quien había fallecido veinte años antes. La obra consta de 6.226 versículos agrupados sin orden ni concierto en 114 suras o capítulos, a menudo contradictorios. Cuanto contiene es un dogma absoluto de principio a fin, la fuente fundamental de la fe de sus creyentes. Tal y como afirma Eric Santoni, «los fieles de esa religión contemplan la historia del mundo, las relaciones de los hombres con Dios y entre ellos mismos a través de ese libro sagrado».

El Corán no es tan sólo para los musulmanes una referencia religiosa. Contiene, además, un código de vida revelado. No sólo dice a sus creyentes en qué deben creer, sino que además prescribe qué deben hacer. «Durante los diez primeros años de predicación de Mahoma –escribe Santoni en El Islam-, puede ser considerado como un simple profeta que predica una religión monoteísta con una clara influencia bíblica […]. Con la Hégira y su asentamiento en Medina, en el año 622, inicio del calendario islámico, el apóstol se convierte en el jefe de la comunidad y de la nueva religión, en la Ley. Y el Corán, palabra de Dios, pasará a cumplir a partir de ese momento la función de estatuto de la ciudad. En él se deben recoger los derechos y deberes públicos y privados, desde la legislación laboral, hasta la reglamentación matrimonial, las ordenanzas fiscales, militares o el derecho a la propiedad».

Posteriormente, como consecuencia de la rápida expansión del Islam y de las nuevas formas de vida a las que sus seguidores tuvieron que enfrentarse tras la muerte de Mahoma, los fieles de esa religión se vieron obligados a dotarse de nuevos instrumentos. El Islam aspira a regular todos los aspectos de la existencia individual de las personas y el Corán se revelaba insuficiente para dar respuesta a las cuestiones que planteaban los tiempos. Para resolver ese problema, comenzaron a recuperarse los dichos del profeta no contenidos en la revelación, el Hadiz, además de sus conductas y actitudes ante situaciones semejantes (la Sunna). En palabras de Santoni, la Sunna vino a llenar todos los huecos que no cubría el libro sagrado y se convirtió, a la postre, en el segundo pilar de la Sharia o Ley Islámica. Y así hasta el día de hoy.

Lo que algunas de estas musulmanas 'feministas' se proponen -un grupo heterógeneo de mujeres con ideologías y sensibilidades diferentes- es negociar lo hasta ahora innegociable y aparcar las interpretaciones literales de un libro que, en manos de los hombres, lleva proporcionando coartadas para subyugarlas durante más de catorce siglos. Evidentemente, han enfilado el camino que los cristianos recorrieron bastante tiempo antes.

COPYRIGHT Diásporas & Público 2015

Maduro jura por Chávez que recuperará las 'Malvinas' venezolanas de la Guayana británica

Medios de comunicación anglosajones y de la oposición al Gobierno chavista acusan al presidente venezolano, Nicolás Maduro, de estar a punto de desencadenar "una nueva guerra de las Malvinas” para distraer a la opinión pública de los problemas internos del país. El territorio que se disputa en este caso es una franja de 159.542 kilómetros cuadrados situada al oeste del río Esequibo. La zona reclamada por Venezuela es actualmente administrada por la antigua ex colonia británica de Guyana. Maduro juró este miércoles por la memoria de Chávez que la Guayana Esequiba va a retornar a su país.


Madrid | Víctor Gandía | Diásporas / Público

Esta disputa fronteriza entre Venezuela y la ex colonia británica de Guyana se avivó en marzo de este año cuando Guyana anunció que la compañía petrolera estadounidense Exxon Mobil proyectaba llevar a cabo prospecciones petrolíferas en las aguas del llamado Bloque Stabroek, situadas dentro del área en disputa. 


Las fronteras actuales fueron delimitadas en un acuerdo suscrito en 1899 al que Venezuela no otorga validez. En opinión de la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Caracas, Gladys Gutiérrez, dicho tratado “arrastra vicios de origen, porque de manera inaudita la representación nacional fue asumida por una potencia extranjera, lo que da una idea de la corrupción que practicaron las dos potencias involucradas en el proceso, Gran Bretaña y los Estados Unidos de Norteamérica”, 

Como consecuencia de las nuevas tensiones desencadenadas por el proyecto de Exxon Mobil, el Gobierno de Venezuela llamó a consultas a su embajadora en Guyana el pasado mes de junio y cursó una solicitud ante la ONU para que medie en el conflicto. Asimismo, Caracas ha reducido el tamaño de su embajada en Georgetown y ha anunciado que revisará integralmente las relaciones con el país vecino como respuesta a las declaraciones del presidente guyanés David Granger, quien calificó a Venezuela como "un mono en la espalda" y una "carga insoportable". Caracas reclama el territorio en litigio desde su primera constitución (1811). Este área en disputa incluye alrededor de dos tercios de la pequeña nación vecina de habla inglesa. 


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“¿Puede convertirse ese territorio en las nuevas Malvinas del Caribe?”, se pregunta entre tanto parte de la Prensa anglosajona y de la oposición al Gobierno chavista. Ambas comparan las reivindicaciones de Maduro con la actitud del general argentino Leopoldo Galtieri durante “la crisis de las Falkland” y sugieren que podríamos hallarnos a las puertas de “una invasión tan desastrosa como la protagonizada por Argentina en los ochenta". A su juicio, "el móvil de las acciones emprendidas por Maduro es distraer al pueblo de sus verdaderos problemas”. 

Maduro, por su parte, ha acusado a algunos miembros de la oposición de ser agentes a sueldo de la Exxon. En su opinión, sólo eso permite explicar que hayan salido a defender algunas de las posturas del país vecino, en relación a la Guayana Esequiba. Lo cierto es que el presidente de la República ha reiterado en numerosos foros a lo largo de las últimas semanas el carácter pacífico de todas las reclamaciones y acciones que proyectan emprender. “Vamos a conseguirlo más temprano que tarde con la diplomacia de la paz, la verdad y la razón”, señaló esta semana. De entrada, su intención es enviar de viaje por América Latina a comisiones de diputados de la Asamblea Nacional para que "lleven la verdad de Venezuela". 

COPYRIGHT DIÁSPORAS / PÚBLICO 2015

Una docente toledana lleva al teatro un reportaje de Público para educar a alumnos 'complicados'

Una profesora de Recas (Toledo) ha conseguido cambiar “la percepción del mundo” de sus alumnos llevando al teatro un reportaje del diario Público. Según explica Macarena Molina, sus estudiantes son chicos con historias terriblemente complicadas, procedentes de familias inmigrantes muy desestructuradas. En la población donde imparte clase conviven gentes de 35 nacionalidades diferentes. La docente leyó la información y creyó que podía ser una herramienta perfecta para sus objetivos pedagógicos.




Madrid | Diásporas / Público
“Perdone que les moleste, pero quería darles las gracias. Soy profesora de Secundaria y utilicé para una de mis clases el artículo sobre migración aparecido el día 8 de mayo de 2015 en Público. Mis alumnos no son fáciles. En un pueblo de 4.000 habitantes conviven gentes de 35 nacionalidades diferentes con historias personales muy difíciles. El caso es que lo leímos, lo adaptamos, lo modificamos y lo dramatizamos. Y no se pueden ustedes imaginar cómo ha cambiado la percepción del mundo de esos 21 chicos. Gracias de nuevo”. Con estas escuetas líneas se dirigía hace una semana a la redacción de Público la profesora manchega Macarena Molina, de 38 años, para explicar el modo en que había decidido utilizar como herramienta pedagógica un reportaje concebido justamente para generar empatía por todos esos heroícos inmigrantes que intentan alcanzar Europa desde el centro y el sur de África.

“Game of Diasporas: el juego del dolor y el migrante” proponía al lector que se pusiera en la piel de la liberiana Rosemary Johnson y fuera tomando decisiones acerca del itinerario y las formas de transporte más apropiadas para alcanzar España o Italia. Lamentablemente, todas ellas terminaban de una forma trágica que nosotros ilustramos con un lacónico “game over” (el juego ha terminado).

La interina manchega Macarena Molina entendió bien nuestra idea y decidió ir algo más lejos invitando a sus 21 alumnos de la clase de Ciudadanía de 2º de la ESO a dramatizar el reportaje. “Primero, les propuse que investigaran la cultura, los idiomas, los productos que producen y los regímenes políticos de cada uno de los estados por los que discurría el itinerario del artículo. A partir de ahí, elaboramos un guión que respetaba escrupulosamente el texto”, explica la docente. “Una muchacha rumana, Corina, leía la información. Creamos asimismo tres grupos de alumnos: uno encarnaba a las mafias, y los otros dos, a la policía y las milicias. Cuatro chicas diferentes interpretaron a Rosemary Johnson. Desaparecían de la escena cada vez que el reportaje alcanzaba un final trágico, lo que ustedes ilustraron con 'el juego ha terminado o Game Over', que es también el título que le dimos a la obra”.


Según explica Molina, “los chicos y las chicas se implicaron como nunca en esta obra, lo cual les obligó a interactuar entre ellos y a salir de los 'guetos' nacionales en los que acostumbran a moverse. La obra, de 30 minutos, fue finalmente representada ante el resto de los alumnos y sus padres. El efecto en los muchachos fue más que alentador”.

¿Qué perseguía Macarena con la representación del reportaje? “Fíjese que Recas, una población de economía agraria, pasó de los apenas mil habitantes a los cuatro mil durante los años del boom de la inmigración. La mayor parte de estos chicos -tanto españoles como de origen extranjero- pertenecen a familias desestructuradas, con terribles problemas de adaptación. Tienen entre 14 y 16 años. El grueso ha repetido y procede de países tan diversos como China, Rumanía, Burkina, Ruanda o Malí. Trabajar con ellos no resulta fácil porque les han repetido muchas veces que son tontos y han terminado por creérselo. Así que necesitábamos herramientas nuevas para estimularlos. Y de alguna manera, tras un largo año de trabajo, hemos realizado avances muy notables gracias a iniciativas como la puesta en escena de su reportaje y otras actividades previas”, precisa.



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En opinión de Molina, en ciertos institutos de Secundaria como el de Recas se advierte claramente que España está a las puertas de sufrir un problema semejante al de otros países del entorno europeo como Suecia o Francia. “Estos chicos presentan un perfil personal muy conflictivo. Por cuestiones familiares y socioeconómicas, son terriblemente racistas, y a menudo poseen una visión del mundo muy limitada. Puedes observar en el recreo que sólo se relacionan entre ellos. Los chinos, con los chinos. Y los marroquíes, con los marroquíes. Se agrupan por países y ocasionalmente, tenemos casos de muchachos que albergan un profundo rencor por España, pese a que poseen nuestra nacionalidad y son españoles a todos los efectos. Es justamente ese tipo de actitudes las que hemos trabajado mediante estrategias diferentes, poco ortodoxas, y desde luego, no incluidas en los libros de texto”. Lamentablemente, Macarena Molina es interina y no podrá estar un año más con los muchachos para consolidar esos avances.

Salta a la vista que el trabajo realizado por esta docente oriunda de Alcázar de San Juan va más allá de las estrategias pedagógicas comunes, para concentrarse en los valores humanos. O por decirlo de otro modo, para centrarse en educar. “Son chicos muy perdidos. Y no sólo los de origen extranjero. Hay niños procedentes del sur del país que presentan idénticos problemas. Todos tienen un bagaje migratorio y familias complicadas. En el centro hemos visto situaciones de auténtica pobreza. Hay niños de tres familias a quienes tenemos que darles de desayunar porque sus tutores carecen de dinero para alimentarlos. Hablamos de pobreza severa, con mayúsculas, en nuestro país”.

Al decir de Molina, “el sistema educativo, al menos el manchego, no está haciendo absolutamente nada para dar respuesta a los problemas de estos chicos a la deriva”. En su opinión, tampoco los profesores están bien preparados pedagógicamente para atender clases donde sus alumnos, a menudo, ni siquiera hablan bien el castellano. “Sí, en efecto, estamos ante una verdadera bomba de relojería”, dice.

Del mismo modo que en los aledaños de Estocolmo o de París han emergido sociedades en paralelo y al margen de los suecos y franceses, Molina cree que España está experimentando ya los primeros estadíos de un tumor semejante. “Esos niños ya españoles -la segunda generación de migrantes- han crecido de espaldas al resto de sus compatriotas, a caballo de dos mundos. Y además, están siendo estigmatizados. Yo tuve que reinventarme como docente para poder hacer frente a mis dos clases. Son, sin duda, muchachos conflictivos que requieren de una atención especial y de tácticas diferentes. Durante el primer trimestre llegaba casi siempre llorando a casa. Había días en que tenía que entrar hasta tres y cuatro veces en el aula para que repararan en mí, para hacerme visible. Simplemente, me ignoraban”.

Asimismo, Molina tuvo que hacer frente a las actitudes violentas de parte de las chicas y los chicos a las que impartía clase. “Mire, yo detesto los libros de texto. No funcionan con ellos. No están hechos a su medida. Así que trabajábamos el tema de la violencia creando 'círculos de fuego”, practicando meditación y, en fin, ensayando nuevas estrategias que los alejaran de los puños y les proporcionaran habilidades sociales diferentes a la mera agresión. El caso es que funcionó”, recuerda esta profesora singular y comprometida.

“Hemos presenciado situaciones demenciales. Como la de un chico de 16 años cuyos padres aseguran que tiene sólo 12. Naturalmente, lo hacen por razones legales. No ha obtenido todavía la nacionalidad española y está obligado a retornar a su país, llegado a los 16", afirma. No cuesta imaginar, por otra parte, la ansiedad y el estrés en la que puede vivir alguien permanentemente amenazado de expulsión. "Yo supongo que sus padres han sido también víctimas del racismo y el desprecio. El hecho de que se encierren en sí mismos y de que se relacionen entre gentes de su mismo origen es una actitud muy defensiva que debería hacer saltar todas nuestras alarmas. Tristemente, yo no podré darles ya clase el año próximo, pero es obvio que hemos conseguido resultados positivos y que si se trabaja en la dirección correcta estamos en condiciones de modificar sus actitudes y de transformar su percepción del mundo. Con su permiso, pienso seguir usando los reportajes de su diario”.





COPYRIGHT DIÁSPORAS & PÚBLICO 2015

Hemos buscado 10 diferencias entre Daesh y los saudíes, pero no las hemos hallado

Escribía hace un año el periodista británico Ed West que la supuesta hostilidad del Gobierno de Riad hacia Daesh podría ser descrita en términos freudianos como “narcisismo de las pequeñas diferencias”. Ningún súbdito saudí advertiría grandes cambios si tuviera que adaptarse a la versión más truculenta de la sociedad creada por los yihadistas. Por eso les resultan a los jeques tan ciertamente incómodos. ¿Cómo podemos distinguir el llamado Estado Islámico del Estado Islámico saudí? Por el color de la bandera y algo más.


daesh versus arabia saudí

Madrid | Texto y fotos: Ferran Barber | Diásporas / Público 
Los saudíes condenan sus atrocidades, pero les han proporcionado las herramientas ideológicas precisas para sustentar conceptualmente sus macabros delirios religiosos de inspiración wahabita, una violenta, cerril, rigorista interpretación del Islam que propugna una supuesta vuelta a los orígenes. Ni unos ni otros se han armado de la paciencia necesaria para dejar que sea Alá quien les proporcione las huríes. Las han tomado ya en la tierra, ora entre las yazidíes y cristianas de las zonas conquistadas en Irak, ora entre las prostitutas rusas de los burdeles de Bahrein. Los saudíes acaudalados van y pagan -por las chicas, por el hotel y por el güisqui de la isla- tras aguardar las tediosas colas de vehículos que se crean en el puestro fronterizo las vísperas de los festivos. Los de Daesh las raptan, venden y esclavizan.


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¿Es la esclavitud, entonces, una de las principales diferencias? La esclavitud es una institución de honda raigambre, no sólo entre los saudíes sino entre algunos de sus vecinos. Hace ahora justamente un año el Gobierno de Qatar -otro de los grandes exportadores netos de barbarie- se comprometía a modificar las controvertidas leyes laborales que regulan las condiciones de trabajo de los inmigrantes contratados para realizar las obras del mundial de fútbol de 2022. La normativa laboral en cuestión -el llamado sistema 'kafala'- ata al empleado a su patrón bajo un régimen feudal de semiesclavitud y permite maltratar a los trabajadores con total impunidad. Claro que no hay pecado que no lave financiar a un poderoso club de fútbol. Una mano tapa la otra.

La relación de todos estos regímenes feudales con los criminales de las distintas organizaciones terroristas de inspiración islámica ha pasado, de hecho, de la disociación a la psicosis, si por tal entendemos la eliminación de la autoimagen de todos esos elementos inaceptables en donde no se reconocen. 

La misma monarquía petrolera -Kuwait- que el pasado viernes, día 27 de junio, sufría un brutal atentado terrorista en una centro islámico chií, ha estado financiando durante años imanes y mezquitas a través de una organización -la Sociedad para el Renacer de la Herencia Islámica o RIHS, según sus siglas inglesas- incluida por Naciones Unidas en la lista de mecenas de Al Qaeda. Lo cual no es, por otra parte, sorprendente a la vista del hecho, bien sabido, de que existe una larga tradición consistente en alentarlos y apoyarlos para hacer frente a terceros. Como es bien conocido, Al Qaeda cobró alas gracias a los dólares enviados por Reagan para combatir al ruso en la trastienda afgana. 

Y ello por no hablar de que fue justamente la invasión estadounidense de Irak la que terminó precipitando el fortalecimiento de los movimientos yihadistas que se han enseñoreado de buena parte de Irak y Siria. Hasta que el menos listo de los Bush tuvo su guerra, los radicales terroristas de Ansar al Islam apenas eran capaces de mantener bajo control su pequeño feudo kurdo. Fueron también los petrodólares saudíes los que popularizaron y extendieron los crímenes de honor entre ese pueblo.

¿En qué se diferencia, entonces, vivir bajo el régimen nazi-islamista de Daesh o crecer subyugado por esa desquiciada interpretación del Islam de los Custodios de las Dos Mezquitas Sagradas? Más allá de las banderas (la de Daesh no tiene sable), las leyes y jurisprudencia de ambos es esencialmente la misma. Una adúltera o un gay sufrirían hoy la misma suerte en Mosul o en Jeddah que en Raqqa. Y lo mismo un apóstata o el que roba una manzana. Durante los últimos seis meses, Arabia ha condenado a muerte por decapitación a cien personas. Al igual que en los territorios controlados por el califato del oprobio, las ejecuciones devienen a menudo en un espectáculo público, para escarnio de las familias de las víctimas, y de los propios reos. La muerte por lapidación sigue siendo común en ambos territorios.

Por lo demás, Arabia saudí es un estado y Daesh pretender serlo y, de facto, eventualmente, lo es, aunque sus fronteras sean cambiantes y estén sujetas a los vaivenes de la guerra. Como es también bien conocido, los saudíes (y el resto de las monarquías medievales de su entorno) cuentan con las bendiciones de España, los norteamericanos y del resto de europeos, en pago a sus servicios militares y a los suculentos contratos millonarios que proporcionan a Occidente. El trato que dispensa el “mundo libre” a estos jeques de pelo acicalado e hidratado sería también digno de un estudio neurológico. Una exploración por "tac" del mundo libre revelaría serios problemas en el córtex y graves lesiones subcutáneas en las áreas del cerebro occidental donde se localizan los valores democráticos.

Se sabe, por otra parte, que los niños escolarizados en las zonas controladas por Daesh acuden a la escuela con libros saudíes de texto. Los jeques se comprometieron hace cuatro años a revisar los párrafos donde se alentaba a considerar a judíos y cristianos como bestias del inframundo. Al califa de Daesh le valdría un incunable de la versión original del texto. 

Por una periodista infiltrada en la zona controlada por el autoproclamado Estado Islámico conocemos que fumar y beber es impensable. Por el contrario, los hijos de la realeza saudí y de sus aliados han organizado fiestas con sexo, droga, güisqui y 'trance'. En cualquier milla de oro occidental, los guetos donde habitan norteamericanos y europeos -en las periferias de Jeddah, Riad u otras ciudades- es posible adquirir una botella de licor por algo menos de 300 euros. Suelen traerlas al país los blancos, en valija diplomática o entre las pertenencias del personal consular. 

En realidad, Arabia Saudí no es un país hecho a la medida de los musulmanes, sino a la de la casta de sus gobernantes, verdaderos brahmanes de esta distopía ultratecnológica beduina. Nadie es peor tratado en el país que los musulmanes de origen paquistaní o bengalí que a menudo utilizan como mano de obra esclava. 

A diferencia de estos pobres entre paupérrimos, los occidentales ni siquiera deben guardar cola en las entradas de los aeropuertos. Filipinos, magrebíes, hindúes y paquistaníes son los parias de una corrupta y nada islámica sociedad de castas basada en el intercambio de favores de una pequeña oligarquía de petromercachifles. A Daesh no le ha pasado desapercibida la podredumbre de estos hombres de gobierno. Claro que en algunos casos, unos y otros tienen lazos familiares, cuando no amigos comunes (los Al Harbi o los Bin Laden, por citar un par de nombres).

Es cierto, por otra parte, que Daesh odia más a los chíies que a los infieles, mientras que los Custodios de las Dos Mezquitas Sagradas, también. Y los odian tan visceral y encarnizadamente que se sirven de la arena siria para librar su particular guerra fría con el archidenostado Irán (es más bien tibia, si no tórrida). Desde hace ahora tres meses, una coalición de países del Golfo liderada por Arabia trata de terminar con las milicias hutíes (chiíes) del Yemen mediante bombardeos aéreos. Naturalmente, la guerra es mucho menos religiosa que económica, habida cuenta que sus superpetroleros parten de los puertos yemeníes del estrecho del Bab-el-Mandeb. En otras palabras, dejar esa zona en manos de sus odiados herejes ha de costarle caro a sus compañías de crudo. 

Y mientras estos yonquis del dinero, adictos a los Bentleys y las griferías de oro, disfrazan su avaricia de piedad, los sociópatas del califato declaran la Yihad a los cristianos... para apropiarse de sus bienes y seguir dando de comer al monstruo. Los de Riad dependen del petróleo y los de Daesh, también. Lo extraen de los pozos de los que se apropiaron tras hacerse con Mosul y otras zonas estratégicas de Irak y Siria y lo venden de saldo a través de los países aledaños, como ya hiciera Sadam. 

Los asesinos de Daesh se inspiran en las fatwas saudíes para establecer el modo en que deben ser tratados los kafir o infieles. Uno de los miembros más señalados del comité saudí para los derechos humanos -el fundador de la cadena Córdoba TV, con sede en San Sebastián de los Reyes- aconsejó a los musulmanes en 2005 que profesaran un 'odio positivo' a los cristianos.

Tanto los lunáticos del supuesto Estado Islámico como los saudíes, del Estado Islámico de Arabia, odian el secularismo casi tanto como se detestan entre sí. Es un odio entre iguales; en cierto modo, cainita. Ambos han conseguido despertar las iras de muchos musulmanes, a quienes han contaminado con su atroz interpretación sesgada del Corán. Nadie que haya hecho el hajj puede ignorar el modo brutal en que a menudo trata la policía árabe a los peregrinos de La Meca o el modo en que castigan con la porra cualquier leve infracción sin que se les mueva el ghudra. ¿En qué se diferencia la policía de Daesh de la unidad saudí para la promoción de la virtud y la lucha contra el vicio? En que los últimos portan sobre las hombreras un ojo aterrador de orwelliana inspiración que te impiden olvidar al Gran Hermano.

Sorprendentemente, estos dos primos carnales han logrado poner de acuerdo en algo a la derecha opaca, obtusa, cavernaria, y a las fuerzas progresistas de la sociedad: tanto los alucinados asesinos de Daesh como los corruptos jeques árabes se asemejan a alimañas. Bien es verdad que los ultras se han servido de ISIS para atizar la islamofobia y cuestionar la existencia de cientos de millones de pacíficos hombres musulmanes de bien. Lo que para los progresistas está en juego es la propia humanidad. Sólo la solidaridad es tan humana como la violencia ideológica. 

La bandera de Daesh es negra. La saudí, verde.
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'Los suicidios están devastando a los lakota” dice la líder india Phyllis Young

“Chante waste' nape' ciyuzapi. Mni uha najin win hemachiyapi. Reciba un apretón de manos desde el corazón. Me llamo “Mujer que está en el agua”, aunque se me suele conocer por mi nombre americano, Phyllis Young”, nos dice a modo de presentación una de las líderes más emblemáticas del pueblo lakota. Hoy se casa su hija, así que anda con prisa, y aún así saca tiempo de su agenda para cruzar unas palabras con los periodistas españoles, descendientes de los europeos que sumieron a su pueblo en las hieles de la colonización. 




Madrid | Ferran Barber | Diásporas / Público 
1492 es una fecha aciaga para estos nativos sioux de espíritu irredento a los que Hollywood caricaturizó en sus western. Por lo demás, las cosas no han cambiado demasiado, y si lo han hecho, es a peor. Según la activista Phyllis Young, los suicidios están devastando a las comunidades jóvenes de los bisnietos de Toro Sentado, todavía tratados a menudo como "bestias", de acuerdo a la doctrina papal hecha suya por España en tiempos de la Conquista. 

Esta líder amerindia es miembro de la Nación Dakota-Lakota, además de representante electa del consejo tribal de la reserva de Standing Rock. Durante cuarenta años, peleó mano a mano junto al líder libertario Russell Means. El actor amerindio que en su día encarnara al jefe Chingachgook en El último mohicano murió en octubre de 2012 de un cáncer de esófago, dejando tras de sí un legado activista que inevitablemente invita a describirlo como el Malcolm X de los lakotas. 

Al igual que el líder afroamericano, Means fue durante muchos años el azote de los “tío Tom” de las reservas, los consejos tribales a los que mil veces acusó de “vichys de pacotilla”, de colaboracionistas y de “marionetas del Gobierno”. 

Los lakota son un pueblo de la tribu sioux que originalmente habitaba en las márgenes del río Misuri. El empuje de los europeos los obligó a abandonar sus formas semisedentarias de vida y los forzó a tornarse nómadas y a ocupar de forma sucesiva los territorios situados en los estados de Minnesota, Dakota del norte y del sur, Nebraska y Wyoming. El exterminio de los bisontes, el alcohol, las enfermedades y el Séptimo de Caballería hicieron el resto. Sioux era Toro Sentado y sioux era también el jefe indio que derrotó y mató al general Custer y a 210 de sus hombres en la batalla de Little Big Horn, (1876). Jamás rindieron su libertad sin plantarle cara al enemigo. 

Diásporas. Si me permite la frivolidad, se diría que John Wayne no los mató a todos, lo cual no significa que no sigan haciendo frente ustedes a una auténtica persecución. Son ustedes unos supervivientes. 

Phyllis Young. Sí, es cierto. Los lakota han sobrevivido a increíbles odiseas. Y si no, eche un vistazo a nuestra historia. En 1890, nuestra gente fue cazada y castigada en Wounded Knee; condenada a morir de hambre, ahorcada y masacrada. Y todo porque derrotamos militarmente a los Estados Unidos y al general George Custer catorce años antes. Fíjese que en 1862, el presidente Abraham Lincoln firmó una orden ejecutiva en la que condenaba al ahorcamiento a 37 dakotas. Y ello sucedió justamente al mismo tiempo en que ordenaba liberar a los afroamericanos. Más tarde, desde 1910 a 1978, nuestro lenguaje, culturas y costumbres fueron prohíbidas por las políticas gubernamentales. 

Diásporas. Definitivamente, los western jamás hablaron de ello. Hollywood tampoco dedicó jamás una película a la política de asimilación de su comunidad, institucionalmente promovida por el Gobierno norteamericano. 

Phyllis Young. Así es, a partir de los cincuenta, los indios fueron enviados a las ciudades, para mezclarlos entre el resto de la gente. Así que en la actualidad, la mitad de la población indígena vive en los núcleos urbanos y el resto, en las reservas. Aquí, por ejemplo, en la reserva de Standing Rock, viven unas 8.000 personas. La mitad de nuestra gente está del lado de Dakota del norte y la otra, en Dakota del sur. Otros 8.000 de los nuestros viven fuera de las reservas, en diferentes ciudades norteamericanas. 

Diásporas. Y algo después comenzaron a crearse los primeros movimientos para la defensa de los derechos de los nativos americanos. 

Phyllis Young. Sí, a raíz de los movimientos de protesta contra la guerra de Vietnam de los sesenta, hispanos y negros articularon movimientos de defensa de sus derechos básicos. También los indios hicimos lo mismo. El nuestro fue fundado en Minneapolis para protestar por la brutalidad policial contra los indios. Después, se crearon oficinas en otros lugares como Oklahoma, Cleveland o Canadá. A principios de los setenta, ocupamos durante 71 días el pueblo de Wounded Knee en protesta por la represión de la que estábamos siendo víctimas y por los asesinatos de algunos de los nuestros. Wounded Knee es un lugar muy emblemático para nosotros, porque allí se halla la tumba de los 300 indios asesinados el 29 de diciembre de 1890. Entre ellos había hombres, mujeres y niños... 

Diásporas. Fue también en los setenta cuando declararon ustedes la independencia de la llamada Nación Oglala. 

Phyllis Young. Concretamente, en junio de 1974 organizamos una conferencia fundacional del Consejo para el Tratado Internacional Indio. Nuestros objetivos eran muy simples. Apoyar la declaración de independencia aprobada un año antes en Wounded Knee y crear una embajada en Naciones Unidas. Fíjese que los asesinatos de lakotas continuaron durante aquellos años. El propio Russell Means fue disparado en Standing Rock. Le alcanzó una bala de la policía de Asuntos Indios.

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Diásporas. ¿Y que le impulsó a ustedes a acudir a Naciones Unidas? 

Phyllis Young. Piense usted que las patologías sociales que había causado en nuestro pueblo el colonialismo eran terribles. 

Diásporas. ¿A qué se refiere? 

Phyllis Young. En 1978, tres generaciones de indios habían sido obligadas a acudir a las llamadas “boarding schools” [centros educativos establecidos a finales del siglo XIX para educar a los nativos de acuerdo a los estándares de vida euro-americanos]; durante más de un siglo, a los indios se les había prohibido hablar su lengua y lo que es todavía peor para nosotros, desde 1910 a 1978, se nos prohibió nuestra espiritualidad, y ello incluía la “danza del sol”. 

Diásporas. ¿Me está diciendo usted que el “democrático” gobierno de los Estados Unidos no garantizaba la libertad de credo de los nativos americanos? 

Phyllis Young. En efecto, así es. En 1974, cuatro indios desafiaron la prohibición y representaron el ritual de la danza del sol en la reserva del río Cheyenne, en Dakota del sur. Cuatro años después, el Congreso aprobó un acta que garantizaba por primera vez nuestra libertad religiosa y el derecho a la vida, pues ese es el sentido ritual de la danza del sol: vivir. Imagínese: ¡tres generaciones de niños, de chicas y chicos, sin derecho a celebrar sus ritos sagrados o a hablar su lengua o a crecer de acuerdo a su cultura... completamente desconectadas de sus ancestros! Naturalmente, hubo muchos de los nuestros que mantuvieron de manera soterrada nuestros ritos, lengua y cultura. Pero de todos modos, ¿a quién puede sorprenderle que el alcoholismo o el suicidio se haya convertido en una auténtica epidemia? 

Diásporas. Lo cierto es que algunas de sus reservas no se diferencian en mucho de un bidonville africano o una favela brasileña. 

Phyllis Young. En nada. Así es. Tenemos una de las esperanzas de vida más bajas del mundo, muy próxima a Haití y muchos países africanos. 

Diásporas. También tienen una tasa de suicidio semejante a la de Lituania o Rusia, los dos países con los índices más altos de Europa... 

Phyllis Young. El fenómeno comenzó a mediados de los noventa. Por aquel entonces creamos algunos programas de prevención del suicidio que hemos mantenido hasta nuestros días. 

Diásporas. Lo que, por otra parte, no ha impedido que muchos adolescentes nativos sigan quitándose la vida. 

Phyllis Young. Sí, recientemente tuvimos once casos en la Nación Oglala. Ayer, sin ir más lejos, hubo otro en la reserva de Standing Rock. Considerando que somos una pequeña comunidad en términos numéricos, están devastando a nuestra gente. Obviamente, el suicidio es el resultado directo de estar viviendo bajo condiciones de colonialismo, por la imposición de una cultura ajena, por el dolor intergeneracional transmitido a través de la memoria colectiva y originado por el expolio de nuestras tierras y la destrucción de nuestra cultura y nuestro lenguaje. Quizá el suicidio sea honorable entre la gente de ISIS o en Japón, pero no entre los nuestros. Es contrario a nuestra espiritualidad. 

Diásporas. Usted fue una persona muy cercana al recientemente fallecido Russell Means, el, por así decirlo, Malcolm X de los lakotas, más conocido en Europa por su interpretación en El último mohicano. 

Phyllis Young. Sí, conocí y traté a Russell durante 45 años. Fue el profeta y patriota lakota más grande de todos los tiempos. Conectó a varias generaciones, porque llegó a conocer a jefes tradicionales y mujeres guerreras que vivieron en libertad. Y como sabe, fue a prisión por sus creencias, exactamente igual que nuestros jefes Toro Sentado y Caballo Loco. 

Diásporas. Tanto Russell como usted y muchos de los suyos llevan varios años peleando para que la comunidad internacional reconozcan sus derechos nacionales. Llegaron incluso a contactar con líderes políticos de Bolivia, Chile y Suráfrica, entre otros países. No parece que haya habido algún avance. 

Phyllis Young. Russell tenía previsto reunirse con Evo Morales en septiembre de 2011 en Nueva York, pero el encuentro tuvo que cancelarse debido al deterioro de su salud. Se suponía que yo iba a ser un miembro de esa delegación. Y lo cierto es que alguien debe continuar con ese trabajo de diálogo. Un profesor cubano -Miguel Alfonso Ortiz- realizó un estudio de los tratados indígenas para Naciones Unidas. Las recomendaciones de este ensayo no fueron implementadas, pero el trabajo es una herramienta fabulosa con principios internacionales legítimos que deberían ser aplicados en los territorios sujetos a tratados. Creemos que la Organización para los Estados Americanos (OEA) debe refutar la doctrina del descubrimiento basada en las bulas papales. Estas fueron aplicadas a través de los reyes de España, quienes enviaron sus conquistadores amparados por la idea de que los indios eran unas “bestias vagabundas”. De acuerdo a esa filosofía, las tierras de los indios podían ser tomadas libremente. 

Diásporas. Y esa es justamente también la filosofía que parece alentar a las compañías de hidrocarburos que operan en su territorio... 

Phyllis Young. Fíjese que ahora mismo nos estamos enfrentando a 55 proyectos de gasoducto que violan los derechos al agua de los lakota. Sus trazados discurren bajo el río Missouri y violan abiertamente la legislación vigente. Hay algo que está claro: los lakotas están dispuestos a morir para detener todo este macroproyecto del oleoducto Keystone, vetado por el propio presidente Obama. Según lo vemos, lo que están intentando sacar adelante es un crimen contra la humanidad y la Madre Tierra.



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El pasado mes de mayo, el equipo de Diásporas realizó un reportaje sobre los vínculos del pueblo lakota con los palestinos. 



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Piden a EEUU que se lleve de Siria al 'pirata' del Caribe antes de que lo maten sus colegas

“Atención al empleado del Departamento de Estado a quien quiera que le hayan encargado monitorizar mi cuenta”, escribía el pasado 4 de junio en su perfil de Facebook el ex marine norteamericano Jordan Matson. “El actor (de Piratas del Caribe) mentalmente inestable Michael Enright está en peligro de ser asesinado por uno de los muchos occidentales y kurdos que desean enterrarlo. Este hombre ha sido el mayor “p.o.s.” ("pedazo de mierda" o "piece of shit") que jamás pisó Rojava”.

En la imagen superior, Michael Enright. 

Madrid | Ferran Barber | Diásporas / Público
Las aseveraciones realizadas por Matson -uno de los voluntarios norteamericanos que combaten con los kurdos del norte de Siria- han sido respaldadas por otros brigadistas y algunos mandos de las Unidades de Protección Popular o YPG. Según este veterano ahora enrolado en las milicias de izquierdas de los cantones de Rojava (Kurdistán Occidental), “inmediatamente después de llegar aquí, este hombre (en alusión al actor) trató de vender su historia a los medios. Ha sido expulsado ya de cuatro unidades de combate diferentes y el propio YPG le ha pedido en dos ocasiones que se vaya. Ante ello, se puso el cañón del rifle en la boca y amenazó con matarse si lo mandaban de vuelta a casa (está todavía trabajando en el guión de su película)".

El mencionado actor Michael Enright (en la foto superior), de 51 años de edad, se trasladó a Siria a principios de esta primavera para unirse a los kurdos que luchan contra "la abominación de Daesh”. Al decir de Jordan Matson, Enright no ha llegado nunca a entrar en combate, pero a cambio ha concedido decenas de entrevistas a medios de buena parte del planeta, donde posa junto a un viejo AK47 al que ha bautizado como “Olga”, dado su origen rumano. La propia Prensa española viene haciéndose eco hasta esta misma semana de las supuestas gestas del actor, quien interpretaba un papel menor de un marinero, junto a Johnny Depp, en una de las películas de Sparrow. Enright llegó a asegurar en declaraciones a una cadena árabe de televisión que estaba "dispuesto a morir para barrer de la tierra a las huestes de Daesh".

Según afirma Matson en su perfil de Facebook, hace ya algún tiempo que sus colegas le inutilizaron el AK, “así que suele pasearse por ahí en la trastienda diciendo que ha matado a gente de Daesh con un arma que ni siquiera puede dispararse. El Departamento de Estado debe enviar a alguien a recogerlo antes de que tengamos la primera víctima norteamericana en Siria. Otros muchos pueden confirmar esta historia”, concluía, citando media docena de brigadistas estadounidenses enrolados en las milicias kurdas de Rojava. Matson posee una notable credibilidad entre la Prensa norteamericana; ha sido entrevistado en numerosas ocasiones y suele actuar, de facto, como el portavoz de los milicianos anglosajones del norte de Siria.

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Pese a los pronósticos de Matson, Enright sigue todavía vivo. Quien sí resultó muerto el pasado 3 de junio en las proximidades de Kobane fue el miliciano de Massachusetts Keith Broomfield. Lo que los oficiales kurdos temen ahora es que sean sus propios hombres quienes terminen por matar a Enright.

Varios medios internacionales posteriormente citados por la Prensa española aseguraban que llevaba varios meses en el frente, tras haber recibido adiestramiento. “De nada me ha arrepentido tanto en mi vida como no haber acudido a la guerra de Afganistán”, declaró el actor en declaraciones al Daily Mail. “Lo que al final me empujó a dar el paso y venir hasta Siria fueron los vídeos de periodistas y cooperantes a manos del británico de Daesh, Mohammed Emwazi”. En un tono tan petulante como pretencioso, el británico añadía que “los vídeos de decapitaciones” le hicieron ver “su deber con América”. 

Esta misma semana, el actor oriundo de Manchester desmintió que, tal y como afirma Matson, haya mostrado una conducta errática y agresiva. “Ni me han pedido cuatro generales que me vaya, ni he puesto un arma en mi boca ni me han amenazado los kurdos”, ha indicado. “Es más, amo a los kurdos y en mi unidad soy el mejor”.
















El ex marine norteamericano, Jordan Matson, actualmente combate a Daesh en las filas de los kurdos de Rojava, en el norte de Siria.

© Diásporas / Público 2015


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