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A principios del pasado año, sentamos las bases para la puesta en marcha de un proyecto informativo que tenía por finalidad informar e interpretar las consecuencias sociales de la recesión en todo el ámbito europeo. Este suplemento del diario Público forma parte de esa iniciativa, pero no la agota.

Nos animaba también, entre otras cosas, el deseo de retratar el penúltimo capítulo de la desbandada humana que la crisis financiera global ha acelerado. Teníamos otras opciones que rimaban con “outsider”, pero al final lo bautizamos genéricamente como EMIGRA O DEGENERA, lo cual resulta, cuando menos, medio pelo bizarro, además de belicoso.

A menudo nos preguntan a qué viene el nombre de la iniciativa global en la que se encuadra Diásporas Magazine. La explicación está parcialmente ligada a una historia que vamos a intentar contar aquí. Las anécdotas funcionan a menudo como atajos. Aunque en realidad, esto es mucho menos una anécdota que un puñado de impresiones.

OPINIÓN DIÁSPORAS | DISTOPÍAS - Ferran Barber
A principios del verano de 2013, viajamos a Riad con el propósito de conocer in situ cómo funciona la variante saudí del apartheid beduino. Que haya sobrevivido hasta nuestros días con el beneplácito de Occidente un modelo de gobierno basado en la esclavitud y la segregación racial nos resultaba entre grotesco y fascinante. Nada más pisar suelo saudí, un policía árabe nos abrió paso a empujones entre las filas inacabables de filipinos y paquistaníes que se interponían en nuestro camino hasta la oficina de aduanas. Nadie protestó por los codazos.

Había un tipo menudo que ni siquiera dejó de conversar con sus paisanos cuando el agente le encajó dos rodillazos. Supongo que el policía adivinó por nuestra reacción que éramos nuevos allí y por si todavía nos quedaba alguna duda acerca de la clase de lugar donde nos encontrábamos, se recompuso el ghudra con parsimonia, desenfundó una porra extensible de acero inoxidable y comenzó a repartir golpes en las secciones más congestionadas de la fila.

Arabia en Ramadán es una pesadilla postapocalíptica. La gente cuenta los minutos hasta el iftar, la comida nocturna que pone término al ayuno, y se refugia en los patios y las casas a dormitar como lagartos. Pasear por las desiertas avenidas de Riad tratando en vano de agarrarse de la estela de algún taxi es una experiencia de una intensidad emocional incomparable. Hasta que cae la noche, ni un alma camina por las calles de esta ciudad abrasada por la cosmogonía de un camellero analfabeto.



El logo de la imagen superior identifica a la comisión saudí para la promoción de la virtud y la prevención de los vicios. Nos tomó casi una semana persuadir a un agente de la policía moral de que nos dejara retratar el emblema cosido a su camisa. Algunas unidades de la policía llevan también en las hombreras un ojo aterrador, que es a su vez una advertencia. "He ahí una inspirada materialización del Gran Hermano orwelliano", nos dijimos.

Claro que para entender Arabia no basta con referise a ese Gran Hermano wahabita y totalitario que está siempre fisgando en la entrepierna de los súbditos saudíes. La sociedad de los custodios de la fe islámica parece concebida a imagen y semejanza del Brave New World de Huxley (Un mundo feliz) . El sistema de castas perfilado por el escritor norteamericano en su novela es un reflejo casi perfecto del mundo de los jeques. De una lado, los alfas beduinos, una clase ociosa de parásitos conectados por una compleja red social basada en el favor recíproco. Y de otro, los emigrantes bengalíes, paquistaníes y filipinos, esclavizados con la soma de los petrodólares. Aquello es una traducción al árabe del apartheid surafricano, además de una perfecta encarnación de una distopía ciberpunk. ¿Sueñan los beduinos de Arabia con camellos eléctricos?

La verdad es quincalla en el bazar de estos mercachifles con turbante. Trapichean con la razón como tahúres.
Resulta fascinante la habilidad de los saudíes para convertir lo blanco en negro, lo malo en bueno, lo diestro en zurdo y lo torcido, en recto. La verdad es quincalla en el bazar de estos mercachifles con turbante, como lo es también en el zoco de Occidente. Trapichean con la razón como tahúres y gracias al poder que da al dinero siempre ganan la partida.




Y en Europa, salvando las distancias, más de lo mismo, más de confusión y de fallar el tiro; más de mediocres gobernantes moviendo las palabras cual trileros para cuadrar el círculo de sus mentiras; más sociedad de castas maquillada con derechos pisoteados sobre las espaldas de los parias. El segmento más pobre de la humanidad ha salido huyendo en desbandada en busca de algo que merezca ser llamado vida y en el Viejo Continente se entrecruzan esas "hordas" en una especie de maraña.

Los migrantes modernos son la versión revisitada de los androides eléctricos que Philip K. Dick envió al exilio. En el mundo que el novelista norteamericano recrea en su novela (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), Naciones Unidas alienta a emigrar a la gente sirviéndose de frases como la que da nombre al proyecto del que forma parte Diásporas. “Emigra o degenera. Tú eliges”. ¿Os suena todo esto de algo?

Así que ahora ya sabéis de dónde viene el nombre. Nos hemos inspirado en una distopía ciberpunk porque de ese modo percibimos nuestro mundo. Vivimos en la cara B de un sueño de opulencia que sólo es cierto para algunos. Al igual que los androides, los expatriados argentinos, mexicanos, españoles, sirios, rumanos, griegos, somalíes, magrebíes o italianos han sido víctimas de un fraude y del fracaso a escala planetaria de un sistema. Y esto hay que denunciarlo porque es una verdad innegociable. 

Ridley Scott llevó al cine la novela de Dick  y transformó a los androides en replicantes. Algo tienen también de Blade Runners, de corredores de la espada, todos esos emigrantes a los que en un sentido más o menos literal, recibimos a pedradas o a balazos, al otro lado del río Grande y el Estrecho. Nos pretenden hacer creer que la emigración es el problema, y no la consecuencia de él. La Extrema Derecha ha conseguido un éxito sin precedentes en las últimas elecciones europeas porque ha tenido la habilidad de apartar del debate toda referencia a la identidad de clases. 

El de aquí y el de fuera. El extranjero y yo. Pulsiones viscerales que provocan, como dos y dos son cuatro, reacciones primarias en cadena.
La tradicional dicotomía entre empleado y empleador, o patrono y trabajador, ha sido reemplazada por la identidad nacional y el sentimiento de adhesión a la tribu. El de aquí y el de fuera. El extranjero y yo. Pulsiones viscerales que provocan, como dos y dos son cuatro, reacciones primarias en cadena. El fascismo ama la miseria. La jungla –ya lo dijimos- está llamando nuevamente a las puertas de Europa. Emigra o Degenera quiere estar ahí para contarlo y condenarlo porque la mejor forma de detener esta espiral de odio es emboscar los prejuicios. Con tal fin creamos Diásporas.

Hay que plantarle cara a la intolerancia y al fascismo antes de que venga la policía moral a persuadirnos de que el delito es la pobreza. En las puertas sur de Europa, Frontex y los Gobiernos matan moscas a cañonazos mientras la esquizofrenia de la sinrazón se extiende como un tumor maligno. Los mismos búlgaros que son descritos por los conservadores alemanes y británicos como una amenaza delictiva para su mercado laboral y su sistema de protección social, levantan ahora una valla en sus fronteras para impedir el paso de los sirios. Da lo mismo. No servirá de nada. Dejarán de cruzar a Europa a través de las zonas más boscosas de la frontera con Turquía y se jugarán la vida si es  preciso para abrirse paso entre las islas del Egeo. No tienen elección. La consigna, una de tantas, es EMIGRA O DEGENERA. 

Y una curiosidad para concluir: teníamos un nombre alternativo que creamos ad hoc para describir la nueva Europa. Valdría para América y cualquier rincón del mundo porque el darwinismo social, como la búsqueda de la felicidad, nunca pasará de moda: SÁLVESE QUIEN PUEDA y TONTO EL ÚLTIMO. Hoy, más que nunca, algo está podrido en Dinamarca. 

© Diásporas 2014

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1 comentarios :

  1. Una pena que no hayas entrado mas en lo de Arabia... Escribe una novela, será un éxito... Lo del camellero analfabeto es extensible al nómada cabrero ...

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