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Los alemanes no creen que el Islam forme ahora también parte de la cultura de su país, tal y como sugería el ex presidente Christian Wulff. Con arreglo a una encuesta realizada por Forsa para la revista Stern, tan sólo un 44 por ciento de los ciudadanos germanos coinciden con la afirmación realizada por el político democristiano el 3 de octubre de 2010.

Musulmanes magrebíes en una mezquita europea. Fotografía por Ferran Barber (Todos los derechos reservados).

Barcelona | Luis Bastierra | Diásporas / Público
Obviamente, entre los más disconformes con lo dicho por el democristiano se hallan los conservadores y los euroescépticos de Alternative für Deutschland. Tan sólo un 18 por ciento de estos últimos y un 36 por ciento de los anteriores creen que el Islam forme parte actualmente de la sociedad germana. Por el contrario, seis de cada diez votantes del Partido Verde y uno de cada dos social-demócratas entienden que esto es cierto. Por áreas geográficas, los más renuentes a aceptar que el Islam se ha incorporado a la cultura social del país son los habitantes del Este del país (31 por ciento). Finalmente, tan sólo un 39 por ciento de los mayores de sesenta años coinciden con Wulff.

El sondeo realizado para la revista Stern introdujo una segunda pregunta en la que se planteaba a los encuestados si la hostilidad hacia los musulmanes merecía un tratamiento tan serio como el antisemitismo. El acuerdo aquí ha sido notablemente mayor y un 53 por ciento de los ciudadanos entienden que así es.



La mezquita roja, situada en el castillo de Schwetzingen, es la más antigua de Alemania. Fue construida entre 1779 y 1791.  Fotografía por Goutamkhandelwal (dominio público).

Las declaraciones realizadas por Wulff en 2010 acerca de la “germanidad” del Islam coincidieron en el tiempo con un debate público acera de la integración de los musulmanes y de la popularización de la islamofobia. Sus afirmaciones suscitaron críticas incluso entre algunos de sus colegas democristianos, para quienes la cultura del país es claramente deudora de la tradición judeo-cristiana. Transcurridos cuatro años desde entonces, el debate todavía está más vivo y la islamofobia, más palpable.

Hace sólo unos días, el director del Bild tuvo que salir al paso de las afirmaciones realizadas por uno de sus redactores-jefe en un editorial de la edición dominical del diario. “No creo en Dios, pero al mismo tiempo, ni el cristianismo, ni el judaísmo o el budismo me molestan”, escribió Nicolaus Fest. “Tan sólo el Islam me molesta cada vez más”.

El periodista del populista tabloide amarillo desgranó a continuación una larga serie de prejuicios que asociaban el Islam en su conjunto a ciertas condenables prácticas como los crímenes de honor o la delincuencia juvenil. Tal fue el impacto de sus afirmaciones, que pocas horas después de su publicación, el texto había sido compartido más de 10.000 veces en las redes sociales alemanas y desencadenó miles más de reacciones. Entre otras, las del propio director del diario, que escribió a modo de disculpa: “En el Bild no hay lugar para las generalizaciones y los comentarios despectivos contra el Islam y la gente que cree en Alá”. 

© Diásporas / Público 2014

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