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El departamento para la Protección de Fronteras de los Estados Unidos (CBP, de acuerdo a sus siglas inglesas) lleva cerca de diez años financiando corridos subliminales para asustar a los migrantes centroamericanos y persuadirles de que no crucen la frontera. Las canciones son emitidas desde mediados de la década pasada por varias cadenas de radio de países como México, Honduras, Guatemala y El Salvador sin informar a la audiencia de quién está detrás ni cuáles son los fines para las que fueron compuestas. 




El último éxito patrocinado por Estados Unidos está dedicado a 'la Bestia' o 'tren de la muerte'.

Barcelona | Ferran Barber | Diásporas / Público
El nuevo género musical es conocido como ‘migracorridos’ y viene a ser una variante de los ‘narcocorridos’ consagrada, en este caso, a glosar los peligros del camino hacia el exilio."Amenazadora serpiente. De acero son sus escamas; también de acero es su vientre. ‘La bestia del sur’ le llaman al maldito tren de la muerte, con el diablo en la caldera grita, ruge y se retuerce", reza la letra de uno de los últimos éxitos compuestos para el Gobierno norteamericano por el letrista mexicano Roberto Hernández y el compositor Carlo Nicolau. En la voz de Eddie Ganz, esta canción de tres minutos y medio ha devenido lo suficientemente popular como para que los propios migrantes llamen para pedirla a las 21 emisoras a las que Estados Unidos ha contratado su emisión.

Tal y como su letra sugiere, el tema evoca los peligros del llamado ‘tren de la muerte’, designación genérica de una red mexicana de ferrocarriles utilizada anualmente por medio millón de centroamericanos para alcanzar con rapidez las fronteras de los Estados Unidos. Los trenes de esta red son populares por su extrema peligrosidad. No es de extrañar que los migrantes reconozcan su dolor y sus experiencias en las letras de estas canciones.

Se ignora a ciencia cierta la efectividad que estas campañas han tenido, aunque el departamento para la Protección de Fronteras las considera útiles. La prueba es que lleva varios años colocando cedés en el mercado sin informar a los migrantes acerca de quién está detrás. El primero –‘No más cruces, 2004’- contenía cinco canciones y formaba parte de una campaña de anuncios radiofónicos y televisivos diseñada con idéntica finalidad: poner freno a la avalancha humana de parias que llega a los Estados Unidos desde el sur advirtiéndoles de lo que les aguarda en el desierto de Sonora.

Las canciones de esta primera campaña fueron emitidas por cadenas radiofónicas de los estados mexicanos de donde salen el grueso de los migrantes. Rotaban machaconamente de acuerdo a la programación de las emisoras sin ningún tipo de alusión al patrocinador que las puso en la parrilla. En muchos casos, ni siquiera el personal de las radios sabía que estaban llevando hasta la gente canciones financiadas por la “migra”. Cuando las sospechas se extendieron, el resquemor cundió. Era como si la patrulla fronteriza de los Estados Unidos hubiera metido las narices en su propio país.

De lo que ni siquiera sus compositores dudan es de que el éxito que eventualmente puedan tener a la hora de disuadir a los parias de que realicen el viaje depende, justamente, de la forma artera y sibilina con la que Estados Unidos trata de llegar hasta su audiencia. Es decir, si las canciones son populares entre los migrantes es porque ignoran quiénes las pagan y por qué suenan en las emisoras.

El ‘juego sucio’ de la CBP viene siendo denunciado por medios de comunicación estadounidenses y mexicanos desde 2008, pero eso no ha impedido que sigan incluyendo en las campañas más canciones y que sigan financiando su emisión sin desvelar quién las factura. El departamento para la Vigilancia de Fronteras se defiende aduciendo que se trata de acciones con un transfondo ‘humanitario’. Según dice, tanto la publicidad legítima como las canciones fueron concebidas para alertar a los migrantes de los peligros que hallarán en su viaje y los riesgos que corren quienes se aventurar a migrar ‘ilegalmente’.

“Y en unos cuantos billetes, resumí toda mi vida. Compartí mis penas con unos cuarenta ilegales. A mi nunca me dijeron que eso era un viaje al infierno”, dice la letra de otro de los migracorridos ‘made in USA’. Las letras de las canciones han sido compuestas con inteligencia para que no pierdan su pegada. Ni hay regañinas moralizantes, ni héroes y villanos, sólo una descripción más o menos atinada del horror que entraña este periplo, con alusiones a la Mara Salvatrucha, las extorsiones, los robos y los coyotes.

En ningún caso se hace referencia a cómo esos peligros reales se han visto exacerbados por las propias patrullas fronterizas y por las políticas migratorias de los Estados Unidos. Ninguna habla tampoco de rancheros ‘gringos’ analfabetos patrullando la frontera en somatén.


© Diásporas / Público 2014

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4 comentarios :

  1. Soy muy aficionado a los corridos —de hecho, mientras escribo estas líneas estoy escuchando la banda Calibre 50—, y puedo deciros que esos supuestos artistas a los cuales nombráis son totalmente desconocidos entre los oyentes del género. Tampoco nunca había oído nunca hablar de eso de los "migracorridos" (a Google tampoco le suena mucho el palabro).
    Los principales músicos norteños: Los Tigres del Norte, los Tucanes de Tijuana, El Komander, El Tigrillo Palma, Voz de Mando, Gerardo Ortiz, etc. alaban en sus canciones el esfuerzo de los emigrantes que cruzan la frontera para poder progresar. El corrido es, por definición, rebelde. Narra las gestas de los que plantan cara al poderoso; antaño, los líderes revolucionarios, y hoy, ídolos populares como el Chapo Guzmán. Resulta absurdo pretender poner el corrido al servicio de los gobernantes.

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  2. que buena gente estos americanos. La benemerita aun no ha pasado de la paliza detras de la cortina y a la prensa decirle que tropezo y se hizo un poco de sangre...

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  3. Qué gusto da leer un artículo bien escrito.

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  4. A lo mejor el tal Ferran, autor de este "articulo", deberia dejar su comoda casita de Barcelona y ver en realidad lo que les hacen los mexicanos a los migrantes que van sobre la Bestia, sobre todo en Chiapas y Oaxaca

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