Slider[Style1]

LO MÁS LEÍDO DE LA SEMANA

+

+
+DISTOPÍAS

Distopías

+
+BRAND NEW SPAIN: ENTREVISTAS
+CIBERCRÓNICAS
+ISLAMOFOBIA

Islamofobia

+EXILIADOS
+MINORÍAS

Minorías

+XENOFOBIA

Xenofobia

+TOP 10
+CULTURAS

Culturas

+OPINIÓN
+ACTIVISMO

Activismo

+MIGRACIONES Y FRONTERAS

Migración y fronteras

+LA CAVERNA

La caverna

El gobierno de Arabia Saudí está deportando sistemática y masivamente a los millares de somalíes que llegan hasta su país huyendo de la violencia. Antes de ser devueltos, los africanos son confinados en verdaderos campos de concentración, sin comida ni asistencia sanitaria y en unas condiciones deplorables. Las quejas son acalladas con brutales palizas.

Fotografía superior e inferior. Inmigrantes de Somalia trabajando en régimen de esclavitud para obras del Gobierno saudí. © Diásporas / Ferran Barber 2015

Riad | Texto y fotografías. Ferran Barber | Diásporas / Público
Se trata de uno de esos asuntos que apenas logra colarse de rondón entre los titulares más discretos de la Prensa internacional, pese a la insistencia con que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el ACNUR vienen denunciando desde 2012 la objetiva magnitud de esta tragedia humana. De una parte, los somalíes salen huyendo por millares de las hambrunas y la violencia y de otra, son sistemáticamente deportados de los dos países hacia los que se dirigen de forma preferente: Kenia y Arabia Saudí. Tan sólo en los primeros cinco meses de 2014, 33.600 somalíes fueron obligados a regresar a su país desde el reino petrolero y 272 más, desde la vecina Kenia.

Las minuciosas descripciones que los deportados hacen de los centros saudíes de confinamiento evocan la existencia de auténticos campos de concentración. Pueden pasar semanas, a veces incluso meses, recluidos en oscuros barracones, sin ver la luz del día. Únicamente una de estas “cárceles” posee camas, de modo que los africanos duermen sobre el suelo. “La comida, cuando la hay, es basura”, recuerda un somalí al que la policía encerró sesenta días. “Y al que se queja, lo golpean brutalmente”.

El Alto Comisionado para los Refugiados de Naciones Unidas ha documentado la existencia de un centro de confinamiento con dos baños donde el gobierno hacina a mil doscientos somalíes. A menudo, carecen de asistencia sanitaria, de manera que es común que se produzcan casos de neumonía o epidemias de polio y otras enfermedades inequívocamente asociadas a las situaciones de extrema pobreza. Las denuncias realizadas por una organización para la defensa de los Derechos Humanos mencionaban el caso de una mujer embarazada de nueve meses al que una policía golpeó con un bastón mientras aguardaba en la cola del aeropuerto de Yedá para ser repatriada a Mogadiscio. Dio a luz a su bebé en la cabina del avión, mientras volaba hasta Somalia.

Y quienes consiguen zafarse de la policía saudí y permanecer en situación irregular en el país corren a menudo una suerte incluso peor. "He llegado a trabajar hasta catorce horas al día y hace más de siete meses que no cobro mi sueldo", asegura Farhan, un joven somalí al que hallamos junto a un complejo de viviendas militares. En realidad, no ha percibido ni una sola mensualidad de su salario desde que fue reclutado a la fuerza por una empresa vinculada a un conocido jeque, muy influyente en el Gobierno. Tanto él como sus compañeros (en su mayoría paquistaníes), viven hacinados en dos casetas de obra, junto a sacos de hormigón y extensiones para las máquinas pesadas. Son jornadas laborales extenuantes bajo el sol del desierto, a temperaturas que a menudo frisan los cincuenta grados, entre nubes de polvo y fumaradas de dióxido de carbono.


                                           ANUNCIOS PUBLICITARIOS

A algunos metros de Farhan, un joven de Bangla Desh con la cabeza completamente envuelta en un turbante suda a borbotones en el interior de una retroexcavadora. Se diría que está al borde de la asfixia. El encargado tayiko que custodia a los parias asegura que es mejor no climatizar las cabinas porque "de ese modo rinden menos". En semejantes circunstancias, no resultan infrecuentes las muertes por golpes de calor. Naturalmente, nadie osa amotinarse.

A todos los efectos, Farhan y el resto de sus compañeros se encuentran trabajando en régimen de esclavitud. ¡Cómo sería su vida en Mogadiscio para que prefiera todo este sufrimiento a su existencia precedente! El joven desea quedarse y aguardar una oportunidad (remota) a encontrar algún empleo que sea digno de ese nombre. El problema es que en Arabia, por su condición de somalí, no tiene opción alguna a solicitar asilo.

De hecho, los saudíes ni siquiera han ratificado la convención de refugiados de 1951. Es decir, carecen de un protocolo para que los desplazados hagan valer ese derecho. Ni la Unión Europea, ni Estados Unidos y el resto de los socios comerciales de los saudíes han presionado nunca a la monarquía petrolera para que cumpla sus obligaciones internacionales.

Estas deportaciones masivas forman parte de una campaña sistemática y masiva diseñada por Riad para expulsar a todos los trabajadores en situación irregular. Se puso en marcha en abril de 2013 y se interrumpió poco después. En noviembre del mismo año, se reactivó de nuevo hasta adquirir las características de una verdadera caza al hombre. Durante 2013, se expulsaron a 12.000 personas, y algunos miles más, en 2012. La mayor parte de los deportados proceden de Somalia, Bangladesh, Etiopía, India, Filipinas, Nepal, Paquistán y Yemen.

La ley internacional prohíbe las deportaciones forzadas de personas cuya vida o libertad podría estar amenazada en su país de origen. Las convenciones también protegen a los seres humanos que tuvieran que hacer frente a tratos degradantes o torturas, en su lugar de procedencia. El ACNUR hizo un llamamiento el pasado año a toda la comunidad internacional para que no devuelva a un solo ciudadano somalí sin darle previa opción a solicitar el estatuto de refugiado o de acreditar, si llega el caso, que podría estar en una de esas situaciones que le permitirían solicitar la protección internacional.

Muchos de los africanos expulsados por los saudíes proceden del norte y el centro de Somalia, dos zonas del país donde se mantiene todavía vivo el conflicto civil y donde la guerrilla islamista de Al Shabaab continúa reclutando por la fuerza a los varones (niños y adultos). Tampoco en Mogadiscio la situación es mucho mejor. Alrededor de 370.000 personas sobreviven en condiciones misérrimas dentro de los campos de desplazados de la capital del país. Los ataques de Al Shabaab tienen a menudo por objetivo a la población civil, cuyas víctimas y heridos siguen contándose por docenas.







ESPELUZNANTES TESTIMONIOS DE LA DIÁSPORA


A instancias de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Diásporas Magazine y la Fundación para la Europa de los Ciudadanos (FEC) han producido una versión española de un cortometraje de gran calado humano sobre los horrores a los que estos somalíes tienen que hacer frente desde que abandonan su país hasta que consiguen pisar Occidente. La grabación original fue realizada por un equipo escandinavo de la OIM con el apoyo del Gobierno de Noruega. A pesar de su sencillez de ejecución, resulta verdaderamente conmovedora porque consigue poner rostro a muchos de los inmigrantes que llegan por millares a la infaustamente famosa Lampedusa. El original tenía 17 minutos. FEC y Diasporas Mag produjeron una versión más corta, de tan sólo seis, a la que añadieron subtítulos en castellano. Lo que vais a ver aquí son básicamente un puñado de seres humanos. Nunca con mayor razón podríamos recomendaros que les concedierais el tiempo necesario para que os cuenten sus historias, espeluznantes y traumáticas. Os ayudará a entender la frustración que experimentan al alcanzar Europa.



© Diásporas 2015

«
Siguiente
Entrada más reciente
»
Anterior
Entrada antigua

7 comentarios :

  1. En los textos finales dice que está hecha la película para ayudar a meditar a los potenciales emigrantes antes de abandonar su país. Bueno, a mi, que no soy emigrante y que vivo en España, lugar receptor de estos "huídos", más bien me lleva a reflexionar sobre las causas por las cuales alguien quiere huir de su tierra y que deberíamos ayudar. Ahora mismo acogiendoles y, seguidamente, yendo a la raíz del problema que, a lo mejor, es nuestra culpa. Más bien, culpa de nuestros gobiernos elegidos por nosotros. Por último decir que esta tierra es de todos, todos somos de la misma especie, no tenemos derecho a prohibir a nadie moverse por el mundo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esa es sólo tu opinión, la reliadad es que la propiedad privada existe y la gente y las comunidades tienen derechos adquiridos sobre la tierra, ya ni hablar sobre el capital acumulado gracias al trabajo.

      Si como a mi, no te parece bien que las compañías madereras expolien la tierra de los indígenas del amazonas, tampoco debería parecerte bien que miles de inmigrantes ilegales entren de forma ilegal en un país a consumir de forma parasita sus recursos, en este caso recursos en forma de ayudas sociales (dinero) obtenidas por el trabajo durante generaciones de los nacionales.

      Si la tierra no es de nadie, ¿por que defender la tierra, el espacio y los recursos de los indigenas? a fin de cuentas...no es suyo, no es de nadie.

      Típica retorica progre, si sólo hay una raza,si todos somos iguales ¿que más da entonces que desaparezcan tradiciones, pueblos, culturas e idiomas?

      Si Fray Santo Tomás hubiera pensado como tú hoy en día nadie hablaría quechua ni los pueblos quechua existirían.

      Eliminar
  2. Estoy de acujerdo con el comentario que me precede. Los que vienen, sabiendo que pueden morir en el intento, seguramente ya han meditado mucho antes de tomar la decisión, no creen?

    ResponderEliminar
  3. Pues mientras vais a la raiz del problema, podeis meterlos en vuestras casas. Espero que tengais casas grandes. Y no hagais caricaturas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En tu mensaje queda clara la raiz del problema: la indiferencia de desalmados como tú.

      Eliminar
  4. Siempre algún comentario despectivo! Existen los países ricos porque explotamos a los países pobres. Es la consecuencia. Y que esto siga ocurriendo...es desolador. Nadie sale de estos países por puro placer de instalarse en otro, por conocer mundo o viajar. Lo hacen por necesidad! Y las fronteras son políticas, todos somos de este mundo y no debería limitarse el movimiento. Todo nos iría mejor!

    ResponderEliminar
  5. Los hay insensibles que dejan de serlo cuando se torna la suerte y son ellos los que tienen que emigrar...y en este pais nadie está libre de acabe pasándole.

    ResponderEliminar

Danos tu opinión.


Subir