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En contra de lo que suele pensarse, el bloque negro no es un movimiento, sino una táctica de movilización y manifestación. El francés Noe Vitoux (1984) ha realizado un cortometraje de tres minutos sobre sus actividades antiglobalización para un concurso convocado en Brasil por la plataforma de crowdfunding KissKissBankBank y el Banco Postal bajo el lema Érase una vez la revolución. La obra fue rechazada por los banqueros, aduciendo que además de ser contraria al orden público, incitaba a la violencia.





Barcelona | Diásporas / Público
Suele llamárseles bloques negros porque usan ropa oscuras y capuchas para ocultarse de la policía. Aunque se trata de una técnica especialmente utilizada por los anarquistas y los antisistema, se han apropiado de ella incluso los grupos nazis.

El cortometraje de Vitoux lleva por título “Bloque negro: una historia de amor y violencia”. Fue grabado en Brasil y retrata las actividades de un par de activistas antisistema. El trabajo fue posteriormente promocionado en las redes sociales con una pregunta casi retórica: “¿Realidad o ficción?”. A juzgar por las imágenes, algo tiene de ambas.

La película narra la historia de una joven encarcelada por vandalismo y una especie de romance surgido entre las llamas y las barricadas. El ritmo es trepidante y la realización, más que notable. Granadas, proyectiles, gases lacrimógenos, ataques al corazón del sistema y mucha violencia, conectada por la relación sentimental que surge entre los dos activistas que protagonizan la película. El corto se grabó en portugués. No existe todavía una versión con subtítulos en castellano, pero no los necesita, dada su fuerza visual y la semejanza de esa lengua con el español.


La moraleja conceptual de la historia podría resumirse de este modo: “¿Por qué soy yo quien está en prisión por vandalismo? ¿Por qué no sois vosotros?”. Ambas preguntas se sustentan sobre una idea común entre los movimientos antiglobalización: “No hay mayor violencia que la que ejerce el sistema contra los seres humanos a quienes subyuga y empobrece”.

Visto el planteamiento, estaba más que cantado que el jurado del concurso para el que Vitoux realizó este film, descalificaría la película. De hecho, ni siquiera fue admitida entre los trabajos en liza. Según parece, la revolución por la que apostaba el realizador no era del gusto de los convocantes del concurso. Por su parte, el francés considera que es completamente inaceptable que el corto fuera rechazado. “Para empezar, no creo que aliente la violencia”, afirma. “¿Acaso puede llamarse violencia a la destrucción de bienes? Y por otra parte, no había ninguna cláusula que hiciera referencia a la prohibición de cortos que inciten a la violencia”.

UNA HISTORIA DE AMOR Y VIOLENCIA




© Diásporas / Público 2015

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5 comentarios :

  1. ... La libertad de expresión, esa contra la que atentaron en París y a la que los demócratas tanto defienden...

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  2. Pues me vais a perdonar, pero el vídeo es, en el mejor de los casos, una memez. Esa visión falsamente romántica de la lucha callejera es eminentemente reaccionaria. Es más, en bastantes ocasiones el izquierdismo de escaparate (de romperlos, quiero decir) ayuda más al enemigo que al amigo.
    En el peor de los casos, pues, es una infiltración.

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    Respuestas
    1. desde mi punto de vista en la situación de la clase trabajadora creo que puede ser mas viable ya que la ruta pacifista no ha logrado gran cosa pero en fin realmente el pacifismo huelguista y la violencia utópica (como la mostrada en el video) no serán efectivas hasta que el pueblo no se organice y nadie trate de ser mas que el otro

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