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El Gobierno está empeñado en resucitar el pasado colonial de nuestro país liderando una "cruzada" en el Sahel, a la sombra de Francia y en el nombre de la libertad. Por si alguien albergaba dudas acerca de la importancia estratégica que el PP confiere al África central, Rajoy viajó el domingo a Mali y Senegal para realizar una visita de dos días a las tropas españolas allí desplegadas. Ni Defensa ni Interior han conseguido hasta la fecha convencer a la OTAN y al grueso de sus aliados europeos de que el 'Maligno' vive en Níger bajo la forma de almorávide, pirata, inmigrante o traficante. Claro que no será porque no lo hayan intentado. La semana pasada apelaron a los inmigrantes muertos en Sicilia para pedir de nuevo a Europa que se involucre en el Sahel. La ciudad nigerina de Agadez es una de las mayores encrucijadas de las rutas africanas de la migración, además de uno de los principales proveedores de uranio de Francia y España. 


Barcelona | Ferran Barber | Diásporas / Público
El Gobierno español cree que sus colegas de Niamey (Níger) harían bien en dejarse "asesorar militarmente" por nuestro país. Tan obstinado está en sacarle nuevo lustre al pasado colonial de España que sus ministros no han dudado estos días en poner sobre la mesa los últimos cadáveres del Mediterráneo con el fin de convencer a sus renuentes aliados europeos de que bendigan una "cruzada" en el Sahel. Con tal nombre se designa el territorio que se extiende desde el norte de Senegal y el sur de Mauritania hasta Mali, el extremo sur de Argelia, Níger y Chad. 

La obcecación con la que Defensa está intentando "asesorar" al Gobierno nigerino no viene de anteayer. El equipo de Rajoy no ha cesado de insinuar durante los últimos años su voluntad de acompañar a los franceses en nuevas aventuras militares centroafricanas, bien sea como “consejeros” de los subsaharianos o bien, llegado el caso, mediante tropas temporalmente desplazadas a los escenarios donde tengan lugar conflictos específicos. 

No sería la primera vez que este Gobierno envía efectivos a la zona. Desde finales de 2013, doscientos soldados españoles se encuentran desplegados en Dakar y en las proximidades de Bamako realizando funciones de apoyo a las tropas francesas destacadas en Mali y  la República Centroafricana. Estos son justamente los destacamentos españoles que Rajoy ha visitado. Por número de efectivos, el contingente español es el segundo mayor desplegado en el área, tras el de nuestros vecinos galos, lo que da una idea certera del papel que este Gobierno pretende desempeñar en el Sahel. El PP no sólo entiende que Europa debe intervenir en esa zona. Además da por hecho que España tiene que liderar, a la sombra de Francia, cualquier operación. 

Los argumentos con los que Rajoy ha justificado su viaje sorpresa a ambos países son esencialmente los mismos que Defensa viene utilizando de forma machacona desde hace algunos años para intentar convencer al mundo de que el Sahel es una de las mayores fuentes potenciales de conflictos de Occidente. "Para que no haya equívocos sobre el tipo de amenaza que representan para nosotros, esta nueva joint venture del terrorismo internacional ha decidido autobautizarse como los 'almorávides', y aunque se despliegan principalmente en el norte de Malí, en Níger y en el sur de Libia, su intención es traspasar esas fronteras a la menor oportunidad", aseguró Morenés durante una comparecencia realizada en 2014 ante la comisión de Defensa del Congreso.


Defender los intereses energéticos de París era la principal razón de la intervención militar francesa en Mali apoyada por las tropas españolas que Rajoy visitó ayer
La 'joint venture' a la que el ministro se refiere se halla formada por varios grupos islamistas como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), Ansar al Din (AaD) y el Movimiento para la Unicidad y la Yihad en el África Occidental (MUYAO). En la zona operan también varios grupos tuareg como el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA). Según un informe del Instituto Elcano coordinado por Féliz Arteaga, "no sólo representan un problema para el Mali y el Sahel, sino que también amenazan la estabilidad de otros estados limítrofes como Argelia, Mauritania, Níger o Senegal".

Las razones aducidas por Rajoy y Morenés son idénticas también a las utilizadas en su día por François Hollande para justificar la intervención militar de su país en Mali. El presidente francés aseguró que Europa no podía permitirse el lujo de que los rebeldes yihadistas tomaran el control de amplias zonas del país y utilizaran esas áreas para entrenar más terroristas. Hollande no mencionó de forma explícita los ataques perpetrados en 2013 por islamistas contra varias explotaciones de uranio y gas gestionadas por empresas galas. Claro que entre líneas se leía que la intervención francesa en Mali tenía por principal finalidad salvaguardar los intereses energéticos de nuestros vecinos. Níger es el tercer proveedor de uranio de nuestro país y el primero de Francia, que a su vez depende de ese mineral para producir la mayor parte de su energía eléctrica. Una de las sociedades que explota los yacimientos nigerinos está participada al 10 por ciento por la española Empresa Nacional del Uranio.

A juzgar por la visita de Rajoy y por la agenda de Defensa, lo de Mali y Senegal le sabe a poco a este gobierno. Un plan elaborado por el citado ministerio a finales de 2013 proponía abiertamente que se desplacen nuevos efectivos del Ejército de forma temporal a otros países de la zona cuando las circunstancias lo aconsejen. El plan en cuestión fue bautizado con el nombre de "Espacio anticipado de defensa" y venía a ser una versión castiza de la controvertida doctrina Bush de guerra preventiva. Al igual que hicieron antes los franceses, Defensa trataba de servirse de la inmigración ilegal para legitimar y argumentar la conveniencia de intervenir militarmente en el Sahel. A excepción de la siempre bien dispuesta Francia, ninguno de los aliados españoles ha atendido hasta la fecha la propuesta de España. Un general de la OTAN llegó incluso a decirle a Morenés durante una reunión celebrada en Madrid el pasado año que no veía motivo "para una operación terrestre aliada en ese continente".

Inasequibles al desaliento,
 los ministros Fernández Díaz y Morenés han aprovechado ahora el clima de opinión que ha generado la última tragedia del Mediterráneo para volver a pedir que se estreche “la colaboración” con Níger en la lucha contra las mafias de la inmigración. Salvando las distancias, el discurso de Defensa e Interior y las declaraciones realizadas por Rajoy en su visita a África parecen inspirados por las tácticas que los Bush utilizaron en su día para implicar a sus aliados en la invasión de Irak. "Vivimos unos momentos difíciles", dijo ayer el presidente, para añadir a renglón seguido que España estaba en Mali con el fin de ayudar al pueblo y de luchar contra el terrorismo, "el enemigo de todos".

De momento, lo más parecido a un compromiso en la línea de las aspiraciones españolas es el acuerdo suscrito por Marruecos, Francia, Portugal y España durante la cumbre anual del G4 celebrada en Lisboa la pasada semana. En la memoria final del citado encuentro se apunta la necesidad de crear un equipo conjunto de investigación que “ayude” a las autoridades nigerinas a combatir la inmigración ilegal, a imitación de lo que ya se hizo hace nueve años en Mauritania durante la crisis de los cayucos. Según Fernández Díaz, “los esclavistas del siglo XXI” se han trasladado al centro del Mediterráneo aprovechándose del hundimiento del estado libio. 

El Gobierno cree que en el centro de África se halla latente el germen de buena parte de las futuras amenazas de nuestro país y el resto de Europa
¿Qué se la he perdido a España en el Sahel y por qué nuestro Gobierno insiste en situar en Níger la nueva sucursal del MAL y sus villanos islamistas? Pedro Morenés describió esa zona en el Senado como “uno de los reservorios de violencia e inestabilidad internacional que deben ser atendidos”. Esto es, y por seguir con sus metáforas, el Gobierno cree que en el centro de África permanece latente el germen de muchas de las futuras epidemias (de violencia) que amenazan a Europa y, más especialmente, a nuestro país. Lo verdaderamente insólito de la política de este gobierno es que se refiera insidiosamente a la inmigración ilegal como uno de los mayores riesgos “de infección” que España debe conjurar de forma preventiva. En algunos farragosos documentos oficiales, esta “amenaza” se sitúa al mismo nivel jerárquico que el tráfico de drogas, la piratería marítima o el siempre socorrido terrorismo islámico. De lo que se trata, en su propia terminología, es de “poner freno a la avalancha humana procedente de África”. A todos los efectos, nuestro Gobierno entiende que la "inmigración irregular" es una de las manifestaciones más molestas del peligroso virus de la pobreza estructural. 

La inmigración ilegal y los muertos de Lampedusa bien podrían ser la excusa humanitaria que justifique un incremento de la presencia militar de España en África bajo bandera de la OTAN o la UE. Pero ni siquiera Defensa se ha esforzado demasiado en ocultar que existen más razones. El 60 por ciento de las importaciones españolas de gas proceden de África, y ello, por no hablar del petróleo “del Golfo de Guínea” o “de las copiosas inversiones realizadas en otros países”. Incluso Morenés se refirió el pasado año en el Congreso a la creciente importancia estratégica de África sacando a colación las servidumbres energéticas de nuestro país. 

Por otra parte, las intervenciones públicas del ministro y los documentos de Defensa que han transcendido hasta la fecha mezclan confusamente esos supuestos intereses económicos y esas presuntas amenazas a nuestra seguridad con el problema de la inmigración, sin que quede muy claro cuál es la relación entre las medidas que proponen y la tragedia humanitaria que Madrid aborda en clave de amenaza o "infección". 

Ningún miembro del Gobierno supo responder tampoco el pasado año al portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, Diego López Garrido, cuando este preguntó al ministro cuál era el proceso político que España pretendía apoyar mediante su presencia militar en Mali y Senegal. De la callada que dieron por respuesta se infiere que ninguno. En realidad, a Morenés le preocupaba mucho menos legitimar la intervención en el nombre de la democracia que la incapacidad de su Gobierno para convencer al resto de los socios europeos de que se involucren en la zona junto a España y a Francia. En la práctica, se trata de una iniciativa bilateral. Pero ni París ni Madrid desean enfangarse en la lucha contra el 'Mal' sin el amparo, al menos nominal, de la OTAN o la UE. Una vez más, se trata de una cuestión de formas.

Visto que ninguno de sus aliados se acaban de creer la cantinela de que los villanos islamistas se hallan conspirando en el Sahel para destruir la civilización occidental, el Gobierno ha cambiado de estrategia. Lo que Madrid propone ahora es alejar la frontera europea hasta el corazón de África e impedir que los parias de la diáspora alcancen Argelia y Libia para dar el salto a Europa. Cuanto más lejos mueran, menos visibles serán sus cadáveres y con menos trabas se podrá "atender" esta pandemia de miseria negra. La propuesta tiene 'punch', así que no sería de extrañar que otros socios europeos como Portugal o Italia se mostrarán finalmente receptivos. Después de todo, nadie se ha mostrado más partidario de militarizar el control de las fronteras que el Gobierno italiano. 

Otro de los nuevos argumentos predilectos de Madrid consiste en repetir la idea de que es preciso “plantar cara a las mafias de la inmigración”. Tan cierto es que hay grupos criminales especializados en la explotación laboral y sexual de los vulnerables inmigrantes, como que muchos de esos supuestos gangster  son esencialmente "proveedores de servicios". 
Muchos de los supuestos miembros de esas mafias son africanos pobres buscándose la vida. Ni siquiera están mal considerados socialmente
 "Toda esta atmósfera semántica en la que el Gobierno español se siente confortable sería más apropiada para explicar el mundo en un cómic de la Marvel o un western de Howard Hawks que para reflejar qué está ocurriendo realmente", asegura un funcionario de policía español desplazado durante años en el África occidental. "De un lado, hay una legión de desposeídos demandando unos servicios de transporte irregulares y de otro, otra legión de gente casi igual de desposeída prestando esos servicios y buscándose la vida. Ni siquiera están mal considerados socialmente", precisa el policía. "De todos modos, no hay que ser muy perspicaz para entender qué está pasando. Bruselas o el Gobierno español hablan de la necesidad de plantarle cara a 'las mafias de la migración', pero lo que en verdad pretenden combatir es la propia migración. Al final, con tantos subterfugios, los ciudadanos ya no tienen claro si el crimen es traficar con el dolor de las personas o ser pobre y emigrar", concluye el funcionario.

Paradójicamente, entre los riesgos más comunes denunciados por los inmigrantes en los centros de confinamiento y acogida se hallan los paupérrimos agentes de las fuerzas de seguridad de los países que atraviesan. Muchas de las muertes que se cobra la diáspora son la directa consecuencia de la militarización de las fronteras y la persecución a la que se encuentran sometidos. Las razones son obvias. Cuanto más difícil se les pone llegar hasta Europa, más complicadas y peligrosas son las rutas alternativas por las que deben transitar para zafarse de la policía. Así, por ejemplo, el acuerdo de colaboración entre España y Mauritania cortó la vía marítima que permitía a los cayucos de africanos alcanzar Canarias desde el Sahara y Marruecos. Consecuentemente, los puntos de partida se situaron mucho más al sur y las travesías se dificultaron. Si antes salían desde Dajla (la Villa Cisneros del antiguo Sahara español) o la mauritana Nuadibú, ahora lo hacen desde San Luis, en Senegal. 


FRONTERAS EUROPEAS

SACUDIRSE LOS MUERTOS






¿Cuál es el papel que cumple hoy el Níger en el camino hacia Europa de los migrantes africanos? De la ciudad nigerina de Agadez parten dos de las principales rutas que los migrantes toman para alcanzar Argelia y Libia. El primer itinerario pasa por la ciudad de Dirku y conduce hasta el oasis libio de Sabha. El segundo parte también de Agadez y siguiendo una antigua ruta camellera sahariana, conduce a Tamanrasset (sur de Argelia). Ambos pueden ser indistintamente utilizados para alcanzar Tripoli y Melilla a través de un desierto tan letal como el Mediterráneo. Sin embargo, en la actualidad, el grueso de los inmigrantes trata de ganar Europa dando el salto hacia Italia, debido a las facilidades logísticas que proporciona Libia. 

Por ilustrarlo de algún modo, Agadez es la ciudad donde confluyen buena parte de las rutas terrestres africanas hacia Europa y desde la que, a su vez, se reparte el flujo humano; o dicho de otra forma, Níger es el gran nodo de comunicaciones a través del que se canaliza el flujo de desposeídos africanos.

Las autoridades italianas ya están colaborando en el país con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) para tratar de convencer a los migrantes que no sean solicitantes de asilo de que den marcha atrás y regresen a su casa. La idea es interceptarlos antes de que atraviesen el desierto y alcancen Argelia y Libia, y persuadirles de que regresen a sus lugares de origen. ¿Cuáles son los incentivos? Un billete de vuelta a sus hogares o a la posibilidad de realojarlos en el país de tránsito. 

A muchas de las organizaciones no gubernamentales que trabajan en el Níger -uno de los países más pobres del planeta- les resulta, cuando menos, irrisorias, además de mezquinas, las soluciones que pretenden ensayar los europeos. En primer lugar, no parece muy lógico que “se incentive” a los desesperados proporcionándoles los medios para desandar lo andado. En segundo lugar, no se entiende muy bien de qué modo puede realojarse a los migrantes en un país de tránsito que encabeza la clasificación mundial de la pobreza. Los propios italianos se mostraban contrarios a crear centros de acogida para evitar lo que ellos llaman “el efecto llamada”. A la postre, las ONG entienden que tras todos esos eufemismos se está tratando de enmascarar el deseo de alejar cuanto sea posible las fronteras europeas, y con ello, la responsabilidad humanitaria sobre las muertes de estos parias. 

Por otro lado, cortar el tránsito de migrantes desde el Níger no va a ser tan sencillo como lo fue parar el flujo de cayucos mauritanos, dada la extraordinaria facilidad con la que los migrantes modifican sus rutas terrestres en función de las cambiantes circunstancias. Buen ejemplo de ello fue lo sucedido en septiembre de 2013. Noventa y dos personas fallecieron en esa fecha cuando trataban de cruzar el Sahara, lo que animó al Gobierno de Níger a perseguir a los llamados “traficantes” y a tratar de quebrar el entramado de paupérrimas infraestructuras con las que se facilita el tránsito de los migrantes. Varios policías y civiles fueron arrestados y docenas de casas de acogida temporal fueron clausuradas con la esperanza de impedir que se siguieran aventurando por el Sahara. Nada de ello sucedió. Por el contrario, se abrieron nuevas rutas, mucho más peligrosas, y se subieron las tarifas de este transporte humano. 

Es cierto que los migrantes ya no abandonaban Agadez en grandes grupos. Partían unos pocos caminando hasta ciertos puntos convenidos del desierto, donde les aguardaban los traficantes con sus todo-terreno. A principios del pasado año, al menos trece de ellos fueron abandonados en las proximidades de la frontera de Argelia. Cuanto más acosados se ven los intermediarios, más temor experimentan y más prestos se hallan a dejar en la estacada a sus clientes. 

© Diásporas / Público 2015

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2 comentarios :

  1. Es que le han dicho los de Domund, que en Africa la gente se parece al negrito de la hucha..., y a ver si es verdad..., por que no se lo cree el cortito.

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