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“Portador de sida eliminado”, te felicita el vídeo-juego tras reventar a tiros a un homosexual. La aplicación en cuestión -¡Mata al marica!- ha sido creada por un “cristiano” californiano y podía descargarse hasta esta misma semana a través de una conocida plataforma de entretenimiento. Steam se ha disculpado por los fallos en los filtros de seguridad que han permitido que se distribuyera algo así desde su popular website. En el mercado, hay docenas más de juegos como este: homofóbicos, islamofóbicos y abiertamente racistas. 

Barcelona | Diásporas / Público
Ciertos “tugurios” nazis como Resistencia Aria Blanca se sirven de ellos para familiarizar a sus simpatizantes con el asesinato de niños mexicanos o polícias afroamericanos. Hablamos, en este caso, de aplicaciones cutres, meras provocaciones de reducido alcance. Lo que en verdad temen los educadores es que los vídeo-juegos populares de las grandes compañías sean también los portadores, a diferente escala y de una forma sibilina, de los mismos prejuicios. Un estudio reciente trató de esclarecer si los 'maderos' del Grand Theft Auto V son igual de racistas que la policía de Baltimore.

En el caso de 'Mata al marica', algo falló estrepitosamente en los filtros de seguridad de la plataforma Steam para que el desarrollador Randall Herman subiera un juego que contradice abiertamente las condiciones de uso del servicio. Cuando se percataron de ello, les había llovido ya decenas de quejas de usuarios perplejos e indignados. Esta tosca aplicación de estilo Arcade podía ser descargada libremente hasta el pasado lunes. Si algo puede decirse en favor del skater cristiano que la subió a la plataforma es que en ningún momento pretendía engañar a nadie. 



El juego fue diseñado para que los eventuales objetivos se dirijan al jugador mediante perlas intelectuales de esta guisa: “¿Puedo meterte la salchicha por el culo?”, Cuantos más “maricas” matas, más puntúas. Los transexuales proporcionan bonos extras y abatir a tiros a un heterosexual es penalizado. Por alguna razón, el desarrollador dijo haberse inspirado en las enseñanzas de Jesús, algo común entre todos esos grupúsculos de protestantes estadounidenses furiosamente homofóbicos. Ningún representante de la Iglesia Norteamericana ha creído conveniente hasta la fecha salir al paso de hechos como éste, para aclarar que las opiniones de esos supuestos cristianos no se encuentran respaldadas ni por Dios ni por sus legítimos representantes en la tierra.



Claro está, la pregunta más obvia que suelen hacerse los pedagogos ante episodios como este es si esos vídeo-juegos son una mera proyección de los valores sesgados y los trastornos sicopáticos de un puñado de tarados o en verdad pueden influir en la conducta de los niños y los jóvenes. A juzgar por un estudio de la Universidad del Estado de Ohio, no cabe duda alguna de que estos juegos producen racistas y, sobre todo, reafirman los prejuicios raciales y de género de nuestras sociedades en aquellas personas ya proclives a aceptarlos y asumirlos como ciertos. 


De acuerdo a un experimento llevado a cabo en esa universidad, los blancos que eligen avatares negros no sólo se comportan en el juego de una forma mucho más violenta, sino que tienden a reafirmarse en todos los clichés negativos que describen a los afroamericanos como gente agresiva. ¿A qué se debe esto? Básicamente, a que el grueso de esos juegos presentan a personajes estereotipados negativamente realizando acciones también estereotipadas. Los negros suelen vestir como en el gueto y se desenvuelven más a gusto en las prisiones que en Manhattan. Hay mil ejemplos más de ello. Mario, sin ir más lejos, el maravilloso y archipopular personaje de Atari, es un perfecto cliché de italiano: bajito, gordo y con un gran mostacho negro.

Que estas aplicaciones hagan suyos los extendidos prejuicios de las sociedades donde han sido desarrolladas sería, en todo caso, mucho más perdonable, que el que un emporio de los vídeo-juegos programara premeditadamente a policías racistas. Y ésta ha sido la acusación a la que han tenido que hacer frente los creadores del Grand Theft Auto V. Lo que en principio era un rumor, terminó convertido en gran clamor, tras mostrarse en las redes un vídeo de la aplicación en el que un policía abate a tiros a Franklin, el avatar negro, sin que medie provocación alguna. 

En marzo de este año, The Game Theorists trataron de esclarecer si en verdad los policías del Grand Theft Auto son racistas sometiendo a los tres personajes del juego a un experimento. Básicamente, este consistía en enfrentarlos a la policía en diferentes escenarios y situaciones y analizar después las reacciones de los agentes de las fuerzas de seguridad. La conclusión fue la siguiente: el personaje blanco y pijo del Grand Theft Auto sale mucho mejor parado que Trevor y que Franklin. Estos dos sufren el mismo número de incidentes con la policía. Claro que también Trevor es blanco. ¿Veredicto? No era cierto que los agentes de este juego hubieran sido programados para actuar de forma racista. En el peor supuesto, podría darse el caso de que la inteligencia artificial del juego empujara a la policía a actuar mucho más agresivamente con los personajes que se desenvuelven o proceden de entornos socio-económicos más degradados. En cierta manera, lo que sugerían los autores del estudio es que la inteligencia artificial criminaliza espontáneamente la pobreza.


Al margen de la validez científica de estudios semejantes, resulta fascinante, en todo caso, que un debate así se creara en las redes porque ello viene a demostrar que pocos dudan de la capacidad de estas aplicaciones para modificar la conducta de sus usuarios. Por ese mismo motivo, desarrolladores de varios países se pusieron de acuerdo a principios de este año para crear veintidós vídeo-juegos que transmitieran una imagen positiva sobre la transexualidad. Esta iniciativa fue llevada a cabo en honor de Leelah Alcorns, una transexual estadounidense que se quitó la vida en diciembre de 2014, y que dejó tras de sí una conmovedora nota donde decía que esperaba que su muerte contribuyera a tomar conciencia de la discriminación, el abuso y la falta de apoyo que sufren las personas transgénero. También Leelah fue víctima del cristianismo o, al menos, de la particular visión del Evangelio que tenían sus padres. En lugar de aceptar su identidad y la posibilidad de someterse a un tratamiento de transición, la sometieron a una terapia de deshomosexualización de orientación cristiana. 


En homenaje a Leelah, se crearon juegos como el “chico-princesa”, en las antípodas del grosero, despreciable y abyecto vídeo-juego del piadoso creyente Randall Herman.


© Diásporas / Público 2015

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