Slider[Style1]

LO MÁS LEÍDO DE LA SEMANA

+

+
+DISTOPÍAS

Distopías

+
+BRAND NEW SPAIN: ENTREVISTAS
+CIBERCRÓNICAS
+ISLAMOFOBIA

Islamofobia

+EXILIADOS
+MINORÍAS

Minorías

+XENOFOBIA

Xenofobia

+TOP 10
+CULTURAS

Culturas

+OPINIÓN
+ACTIVISMO

Activismo

+MIGRACIONES Y FRONTERAS

Migración y fronteras

+LA CAVERNA

La caverna

Escribía hace un año el periodista británico Ed West que la supuesta hostilidad del Gobierno de Riad hacia Daesh podría ser descrita en términos freudianos como “narcisismo de las pequeñas diferencias”. Ningún súbdito saudí advertiría grandes cambios si tuviera que adaptarse a la versión más truculenta de la sociedad creada por los yihadistas. Por eso les resultan a los jeques tan ciertamente incómodos. ¿Cómo podemos distinguir el llamado Estado Islámico del Estado Islámico saudí? Por el color de la bandera y algo más.


daesh versus arabia saudí

Madrid | Texto y fotos: Ferran Barber | Diásporas / Público 
Los saudíes condenan sus atrocidades, pero les han proporcionado las herramientas ideológicas precisas para sustentar conceptualmente sus macabros delirios religiosos de inspiración wahabita, una violenta, cerril, rigorista interpretación del Islam que propugna una supuesta vuelta a los orígenes. Ni unos ni otros se han armado de la paciencia necesaria para dejar que sea Alá quien les proporcione las huríes. Las han tomado ya en la tierra, ora entre las yazidíes y cristianas de las zonas conquistadas en Irak, ora entre las prostitutas rusas de los burdeles de Bahrein. Los saudíes acaudalados van y pagan -por las chicas, por el hotel y por el güisqui de la isla- tras aguardar las tediosas colas de vehículos que se crean en el puestro fronterizo las vísperas de los festivos. Los de Daesh las raptan, venden y esclavizan.


                                           ANUNCIOS PUBLICITARIOS


¿Es la esclavitud, entonces, una de las principales diferencias? La esclavitud es una institución de honda raigambre, no sólo entre los saudíes sino entre algunos de sus vecinos. Hace ahora justamente un año el Gobierno de Qatar -otro de los grandes exportadores netos de barbarie- se comprometía a modificar las controvertidas leyes laborales que regulan las condiciones de trabajo de los inmigrantes contratados para realizar las obras del mundial de fútbol de 2022. La normativa laboral en cuestión -el llamado sistema 'kafala'- ata al empleado a su patrón bajo un régimen feudal de semiesclavitud y permite maltratar a los trabajadores con total impunidad. Claro que no hay pecado que no lave financiar a un poderoso club de fútbol. Una mano tapa la otra.

La relación de todos estos regímenes feudales con los criminales de las distintas organizaciones terroristas de inspiración islámica ha pasado, de hecho, de la disociación a la psicosis, si por tal entendemos la eliminación de la autoimagen de todos esos elementos inaceptables en donde no se reconocen. 

La misma monarquía petrolera -Kuwait- que el pasado viernes, día 27 de junio, sufría un brutal atentado terrorista en una centro islámico chií, ha estado financiando durante años imanes y mezquitas a través de una organización -la Sociedad para el Renacer de la Herencia Islámica o RIHS, según sus siglas inglesas- incluida por Naciones Unidas en la lista de mecenas de Al Qaeda. Lo cual no es, por otra parte, sorprendente a la vista del hecho, bien sabido, de que existe una larga tradición consistente en alentarlos y apoyarlos para hacer frente a terceros. Como es bien conocido, Al Qaeda cobró alas gracias a los dólares enviados por Reagan para combatir al ruso en la trastienda afgana. 

Y ello por no hablar de que fue justamente la invasión estadounidense de Irak la que terminó precipitando el fortalecimiento de los movimientos yihadistas que se han enseñoreado de buena parte de Irak y Siria. Hasta que el menos listo de los Bush tuvo su guerra, los radicales terroristas de Ansar al Islam apenas eran capaces de mantener bajo control su pequeño feudo kurdo. Fueron también los petrodólares saudíes los que popularizaron y extendieron los crímenes de honor entre ese pueblo.

¿En qué se diferencia, entonces, vivir bajo el régimen nazi-islamista de Daesh o crecer subyugado por esa desquiciada interpretación del Islam de los Custodios de las Dos Mezquitas Sagradas? Más allá de las banderas (la de Daesh no tiene sable), las leyes y jurisprudencia de ambos es esencialmente la misma. Una adúltera o un gay sufrirían hoy la misma suerte en Mosul o en Jeddah que en Raqqa. Y lo mismo un apóstata o el que roba una manzana. Durante los últimos seis meses, Arabia ha condenado a muerte por decapitación a cien personas. Al igual que en los territorios controlados por el califato del oprobio, las ejecuciones devienen a menudo en un espectáculo público, para escarnio de las familias de las víctimas, y de los propios reos. La muerte por lapidación sigue siendo común en ambos territorios.

Por lo demás, Arabia saudí es un estado y Daesh pretender serlo y, de facto, eventualmente, lo es, aunque sus fronteras sean cambiantes y estén sujetas a los vaivenes de la guerra. Como es también bien conocido, los saudíes (y el resto de las monarquías medievales de su entorno) cuentan con las bendiciones de España, los norteamericanos y del resto de europeos, en pago a sus servicios militares y a los suculentos contratos millonarios que proporcionan a Occidente. El trato que dispensa el “mundo libre” a estos jeques de pelo acicalado e hidratado sería también digno de un estudio neurológico. Una exploración por "tac" del mundo libre revelaría serios problemas en el córtex y graves lesiones subcutáneas en las áreas del cerebro occidental donde se localizan los valores democráticos.

Se sabe, por otra parte, que los niños escolarizados en las zonas controladas por Daesh acuden a la escuela con libros saudíes de texto. Los jeques se comprometieron hace cuatro años a revisar los párrafos donde se alentaba a considerar a judíos y cristianos como bestias del inframundo. Al califa de Daesh le valdría un incunable de la versión original del texto. 

Por una periodista infiltrada en la zona controlada por el autoproclamado Estado Islámico conocemos que fumar y beber es impensable. Por el contrario, los hijos de la realeza saudí y de sus aliados han organizado fiestas con sexo, droga, güisqui y 'trance'. En cualquier milla de oro occidental, los guetos donde habitan norteamericanos y europeos -en las periferias de Jeddah, Riad u otras ciudades- es posible adquirir una botella de licor por algo menos de 300 euros. Suelen traerlas al país los blancos, en valija diplomática o entre las pertenencias del personal consular. 

En realidad, Arabia Saudí no es un país hecho a la medida de los musulmanes, sino a la de la casta de sus gobernantes, verdaderos brahmanes de esta distopía ultratecnológica beduina. Nadie es peor tratado en el país que los musulmanes de origen paquistaní o bengalí que a menudo utilizan como mano de obra esclava. 

A diferencia de estos pobres entre paupérrimos, los occidentales ni siquiera deben guardar cola en las entradas de los aeropuertos. Filipinos, magrebíes, hindúes y paquistaníes son los parias de una corrupta y nada islámica sociedad de castas basada en el intercambio de favores de una pequeña oligarquía de petromercachifles. A Daesh no le ha pasado desapercibida la podredumbre de estos hombres de gobierno. Claro que en algunos casos, unos y otros tienen lazos familiares, cuando no amigos comunes (los Al Harbi o los Bin Laden, por citar un par de nombres).

Es cierto, por otra parte, que Daesh odia más a los chíies que a los infieles, mientras que los Custodios de las Dos Mezquitas Sagradas, también. Y los odian tan visceral y encarnizadamente que se sirven de la arena siria para librar su particular guerra fría con el archidenostado Irán (es más bien tibia, si no tórrida). Desde hace ahora tres meses, una coalición de países del Golfo liderada por Arabia trata de terminar con las milicias hutíes (chiíes) del Yemen mediante bombardeos aéreos. Naturalmente, la guerra es mucho menos religiosa que económica, habida cuenta que sus superpetroleros parten de los puertos yemeníes del estrecho del Bab-el-Mandeb. En otras palabras, dejar esa zona en manos de sus odiados herejes ha de costarle caro a sus compañías de crudo. 

Y mientras estos yonquis del dinero, adictos a los Bentleys y las griferías de oro, disfrazan su avaricia de piedad, los sociópatas del califato declaran la Yihad a los cristianos... para apropiarse de sus bienes y seguir dando de comer al monstruo. Los de Riad dependen del petróleo y los de Daesh, también. Lo extraen de los pozos de los que se apropiaron tras hacerse con Mosul y otras zonas estratégicas de Irak y Siria y lo venden de saldo a través de los países aledaños, como ya hiciera Sadam. 

Los asesinos de Daesh se inspiran en las fatwas saudíes para establecer el modo en que deben ser tratados los kafir o infieles. Uno de los miembros más señalados del comité saudí para los derechos humanos -el fundador de la cadena Córdoba TV, con sede en San Sebastián de los Reyes- aconsejó a los musulmanes en 2005 que profesaran un 'odio positivo' a los cristianos.

Tanto los lunáticos del supuesto Estado Islámico como los saudíes, del Estado Islámico de Arabia, odian el secularismo casi tanto como se detestan entre sí. Es un odio entre iguales; en cierto modo, cainita. Ambos han conseguido despertar las iras de muchos musulmanes, a quienes han contaminado con su atroz interpretación sesgada del Corán. Nadie que haya hecho el hajj puede ignorar el modo brutal en que a menudo trata la policía árabe a los peregrinos de La Meca o el modo en que castigan con la porra cualquier leve infracción sin que se les mueva el ghudra. ¿En qué se diferencia la policía de Daesh de la unidad saudí para la promoción de la virtud y la lucha contra el vicio? En que los últimos portan sobre las hombreras un ojo aterrador de orwelliana inspiración que te impiden olvidar al Gran Hermano.

Sorprendentemente, estos dos primos carnales han logrado poner de acuerdo en algo a la derecha opaca, obtusa, cavernaria, y a las fuerzas progresistas de la sociedad: tanto los alucinados asesinos de Daesh como los corruptos jeques árabes se asemejan a alimañas. Bien es verdad que los ultras se han servido de ISIS para atizar la islamofobia y cuestionar la existencia de cientos de millones de pacíficos hombres musulmanes de bien. Lo que para los progresistas está en juego es la propia humanidad. Sólo la solidaridad es tan humana como la violencia ideológica. 

La bandera de Daesh es negra. La saudí, verde.
---------------------------------------------------------

TE PODRÍA INTERESAR TAMBIÉN: 

«
Siguiente
Entrada más reciente
»
Anterior
Entrada antigua

3 comentarios :

  1. La hostilidad de los saudíes al Estado Islámico, es como la 'hostilidad' de la izquierda al islam.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A otro perro con ese hueso, en este país tradicionalmente ha sido la derecha la más próxima al islam, también ha sido la más antijudia, ahora no, ahora apoya al estado supremacista judio de Israel frente a los sufridos palestinos. Que la izquierda se niegue a condenar colectivamente a 1000 millones de personas no es signo de ninguna tibieza frente al oscurantismo del islamismo político, es más bien por contraposición signo del visceralismo de la derecha que convierte el miedo en odio. Que yo sepa son comunistas los únicos españoles que luchan al daesh en el terreno, es el capital occidental y sus ramificaciones en el poder el que lame el culo a los estados arábigos, y ¡Oh! casualidad, el primer converso español detenido por yihadismo proviene de la extrema derecha, así como el individuo que iba a proporcionarles material; miembro del nacionalsocialista partido español Movimiento social republicano. Lo dicho, menos cuentos listillo/a

      Eliminar
    2. Excelente y valiente artículo...es verdad, sencillamente es verdad.

      Eliminar

Danos tu opinión.


Subir